El pasado 25 de febrero, el Club de creación literaria Alisios de Verso y Prosa volvió a reunirse en la Biblioteca Puntalarga con el fin de compartir el reto del mes. Un reto que consistía en escribir sobre UN LUNES CUALQUIERA.

Los miembros del Club desplegaron su creatividad compartiendo poemas y relatos que no dejaron indiferentes a nadie. Aquí les dejamos una muestra de los trabajos compartidos.

En verso...

Autor: Jesús Abreu

Título: Otro principio

ya llegó otra vez

en un principio        residuo

de un final

difamado atacado

en un suplicio común

forzado en rutina

de dolor muscular

en resaca seca

de espesas salivas

empastadas en chicles

de mentas fuertes como

los dolores de estómago

y cabeza eternos

en el pensamiento

para empezar a terminar

                                   otra vez

con lo procrastinado

en reserva de tiempo al tiempo

de un eterno retorno

tópico de maldito lunes

Autora: Pilar Martín Rodríguez

Título: Dies lunae

Lunes,

de principio infinito,

de pereza indiferente,

de tiempo suspendido.

Lunes,

de noches serenas y titilantes estrellas

guardianas de la luna llena.

Lunes,

de aullidos del hombre lobo,

y apagados sollozos de amantes atónitos.

Lunes,

aborrecido,

oscuro,

lleno de vacíos

presentes y futuros.

Lunes,

dies lunae,

dies lunis,

para mí serás el primero,

el más fresco y lozano,

el origen del todo

 el final de la nada.

En Prosa...

Autor: Lange Aguiar

Título: Luni y las tardes de risas con café

Había una vez un lunes llamado LUNI, en un mundo mágico donde los días de la semana eran personajes con emociones y personalidades propias.

Luni era un tipo de día vibrante, lleno de energía y optimismo, que siempre se despertaba con la esperanza de traer consigo un nuevo comienzo. Su luz brillaba intensamente en el cielo, y cada vez que hacía su aparición, el sol parecía sonreír un poco más, iluminando todo a su alrededor.

Luni disfrutaba profundamente de su papel como el primer día de la semana. Se sentía orgulloso de ser el encargado de dar la bienvenida a nuevas oportunidades, proyectos y retos. Observaba con alegría cómo las personas, después de un largo y a menudo agotador fin de semana, se llenaban de entusiasmo al planear lo que harían en los días venideros. Luni se deleitaba al ver las sonrisas en los rostros de la gente mientras regresaban a sus trabajos y estudios, listos para enfrentar lo que se les presentara.

Sin embargo, no todo era perfecto en la vida de Luni. También sentía una profunda tristeza que lo acompañaba cada vez que llegaba su turno. Era consciente del dolor que traía consigo la despedida del ocio y la alegría del descanso. Observaba cómo su querido amigo Dominguín, con su inconfundible aporte, que con él se vivía una hermosa relajación y tranquilidad, se desvanecían en risas y momentos de calma. Veía cómo sus amigos, especialmente los atrayentes Sabadín y Dominguín, se sentían melancólicos al tener que decir adiós a esos placeres efímeros.

Cada lunes, Luni percibía el susurro de nostalgia que envolvía a las personas, recordándoles lo que dejaban atrás y el peso que llevaba regresar a la rutina.

A pesar de su tristeza, Luni decidió que podía hacer algo al respecto. Se propuso organizar pequeñas sorpresas y momentos de alegría que ayudaran a la gente a no sentir tanto el peso del regreso a la actividad cotidiana. Con gran determinación, comenzó a implementar iniciativas como el "Lunes de Risas", donde las personas compartían chistes y anécdotas divertidas en sus oficinas, generando un ambiente de camaradería y diversión. También introdujo el "Lunes de Café", que inundaba las calles con un aroma reconfortante que despertaba los sentidos y llenaba de alegría a todos. También puso en marcha programas de radio que alegraban los oídos y el alma de letras que parecían que hablaban y de proyectos de solidaridad con los más necesitados

Con el paso del tiempo, las personas empezaron a ver a Luni de una manera completamente diferente. Ya no era solo el primer escalón de la semana, se había transformado en un amigo que traía consigo la promesa de lo nuevo y emocionante. Además, servía como un recordatorio de que, aunque el ocio se desvanecía, había muchas razones para sonreír y disfrutar de la vida.

Luni comprendió que la clave estaba en encontrar un equilibrio entre la alegría del descanso y la emoción del trabajo y del nuevo comienzo. Así, cada semana se esforzaba por ser un faro de luz en los corazones de todos aquellos que lo rodeaban.

Y así, Luni continuó su camino sabiendo que tenía que dar paso a otros amigos que le acompañaban en su aventura como era el caso de Martīn, Miercolín siempre de la mano con su pareja Juevín y la del deseado y siempre buscado, Viernón, pues se convertía en la antesala de la alegría del nuevo comienzo que suponía recuperar el ocio perdido de Sabadín y Dominguín.

Luni les recordaba a todos que, aunque cada semana comenzaba con su casa, siempre había algo hermoso y valioso en cada día que lo seguía. Con cada amanecer, Luni se convirtió en un símbolo de esperanza, demostrando que cada semana era una nueva oportunidad para crecer, aprender y disfrutar del viaje que es la vida.

Autora: Cele Díaz

Título: El lunes

El lunes estamos todos en La Luna porque es el día en honor a ella.

Es fácil subir a La Luna pero no creo que sea fácil bajar de ella.

Todo el mundo ve como está el otro en La Luna pero no se ve él mismo cuando allí está.

El lunes es el primer día, el comienzo de la semana, es más llevadero acabar que empezar la semana, por eso se hace tan difícil ponerla en marcha.

Una vez pasado el lunes, bajamos de La Luna y nos vamos al martes, o mejor dicho a Marte porque ese es su día, de Marte a Mercurio, de Mercurio a Júpiter, de Júpiter a Venus, de Venus al fin de semana porque estos dos días están dedicados al AMOR, a la libertad de hacer lo que quieres, para volver  a... La Luna el lunes.

Autora: Míriam Suárez

Título: Un día cualquiera

María se dejó caer, rendida en la cama tras un día más de trabajo. Era lunes, 12 de febrero, y en su mente repasaba los hechos del día. Una ducha fría, el sabor de un café, o el ruido monótono de las teclas. Ella trabaja en la revista La Nueva Ola, una publicación destinada al público más joven. Esta se dividía en diferentes secciones: moda y maquillaje, arte, eventos y entrevistas. Ella se encargaba de esta última sección y hoy le había tocado comentar el libro: Viaje en el viento del autor Joel Pérez Noguera.

"Empezamos el libro con el poema: se ofrece; una crítica a la sociedad donde a veces lo banal y las modas se imponen frente a la cultura y lo realmente importante; Otra lección importante de vida la encontramos al final de la última estrofa del poema Vacíos: es el momento de reestructurar tu psique, tus esquemas mentales que te queman y que no te dejan ser tú."

Durante la hora de descanso su amigo, David, le pidió que almorzaran juntos y María aceptó encantada. Sin embargo, su sonrisa desapareció cuando él comunicó que se iría a Francia por un mejor trabajo. Ella le dio la enhorabuena y se dieron un abrazo.

Por la tarde, recibió una llamada:

—Tía, ¿salimos este viernes? -(Nada más oír esto, sabía que era su amiga, Maribel).

—Muchacha deja de hablar así, que ya no tienes quince. -Le contestó María.

—Jo tía, no te vuelvas una vieja aburrida.

—Está bien, este finde salimos, que así inauguramos los carnavales.

Con el plan apuntado en la agenda, colgó. Se sentía feliz de tener planes, después de lo ocurrido esa mañana. Así, siguió repasando en su mente los hechos del día hasta que el sueño llegó.

¿Había sido un día feliz o un día triste?, simplemente había sido la vida fluyendo.

Autora: Luisa Chico

Título: Lunes felices

A Carmencita siempre le gustaron los lunes. Eran sus días preferidos de la semana, el inicio de toda una ristra de jornadas en las que realizar diversas actividades.

Ahora, ya jubilada, cada día tenía una motivación diferente y eso la llenaba de ilusión. Los martes tenía pilates, los miércoles las clases de baile, los jueves su club de lectura, los viernes algún concierto, cine o teatro, los sábados los dedicaba a salir con sus amistades de comilona y los domingos se centraba en su familia, pero los lunes… Ay, los lunes eran otra cosa, era el único día en que no tenía nada especial que hacer. Los había dejado libres para hacer con ellos lo que le diera la gana.

Cada lunes era una aventura. Por la mañana abría los ojos ilusionada, y sin moverse de la cama ya comenzaba a planificar que haría en su día especial hoy. Quizá fuera a darse un baño a la playa, o se sentaría en su cafetería preferida con un buen café y un libro entre las manos, un paseo por la avenida marítima tampoco estaría mal…
Hoy recordó que se había prometido a sí misma llevarse de compras antes de que quitaran las rebajas, su armario necesitaba prendas nuevas que lucir en sus mil travesuras.

Cerró los ojos por un momento y pensó que la realidad era que su predilección por los lunes venía desde sus tiempos laborales. Cada lunes se iniciaba en el reto de “sobrevivir” a las jornadas de arduo trabajo que le quedaban por delante, y entraba en la empresa de turno (fueron varias a lo largo de sus 50 años de trabajo) con una sonrisa, dispuesta a que todos entendieran que ella era feliz los lunes y que tenían prohibido fastidiárselo.

Pero ahora, lo que la motivaba a levantarse de la cama, y salir a disfrutar de su recién estrenado lunes, era que no se le hiciera tarde para pasar junto a la tienda que estaba en los bajos de su edificio, para que “su” Alberto, el repartidor que la surtía cada semana, le diera los buenos días con su esplendorosa sonrisa sin que al parecer le pesara la enorme caja que cargaba sobre sus hombros.

¡Qué poco necesitaba Carmencita para ser feliz! Le dio los buenos días con su mejor sonrisa y cruzó la calle para ir a desayunarse a la cafetería de la rotonda, y así, poder seguir observándole desde la distancia en su ir y venir laboral.

Autora: María García y Bello

Título: Me gustan los lunes

Los lunes son siempre nuevos, distintos. Es el día después del hogareño sábado y del domingo de amigos.

A las 6 de la mañana suena el despertador, me gusta pararlo y seguir cinco minutitos más, me acurruco en el cuerpo de mi marido. Me pregunto, sí el amanecer fuera el mismo sin él. Y elijo salir de la cama y preparar el café. Desayunamos juntos, me gusta mirar sus ojos, sus manos. Tiene buen humor por las mañanas. Eso me hace sonreír.

Los lunes y los cuatro días que le siguen conduzco 40 km para llegar a mi trabajo. Me gusta conducir, y escucho la radio. El tráfico a esa hora suele estar fluido. Aun así, los martes, algún conductor se pega a la parte trasera de mi coche y pica la luz varias veces para que le deje pasar. Si no lo hago con rapidez, se enfurece y cuando pasa su coche a mi altura, gesticula y su cara está encolerizada. Mis pies se agitan y conduzco un ratito con pavor en el cuerpo. La música de la radio me alivia y a la vez me hace olvidar la irritación del conductor.

Ya en la ciudad, aparco mi coche en un lugar público. Me dirijo a la estación, miro a todos los lados y sujeto bien mi bolso y la mochila. Espero el tranvía en la marquesina, en la parte que está cubierta por mi espalda. Miro a todos los lados y contemplo a todas las personas, nunca miro a los ojos, solo observo. Casi todas miran sus pantallas, y en sus oídos tienen auriculares. Los miércoles dos jóvenes se mueven dando patadas a las papeleras, a las barandillas. Siento mi corazón palpitar, me sujeto a la chaqueta, aprieto la piedrecita que llevo en el bolsillo, es mi talismán. Hay una mujer durmiendo en un banco. Un hombre camina tirando por un carro en el cual lleva una colchoneta y bolsas. Un escalofrío me invade y los raíles chirrían anunciando que llega. Accedo a él con decisión y me siento sola. Me gusta mirar las vistas por la ventanilla: El cuartel de San Carlos, la iglesia de San Telmo, la fuente de Morales, la iglesia de La Concepción, el teatro Guimerà. El paisaje es el mismo de lunes a viernes. Los jueves escucho una voz colérica que habla por el móvil. Suspiro y vuelvo mi mirada a la ciudad.

Me gustan los lunes, ese día no está el matrimonio de los viernes, que discute todo el trayecto, la joven que infiere amenazas por el móvil. El joven que habla solo y si le miras, por casualidad, serás tú el objeto de su locura.

Me gustan los lunes porque aprendemos a respirar con Omar. Y los lunes están en mi memoria de niña, los bocadillos de mi madre y, hasta el paisaje, es más amable.

Autora: Rosa Galdona

Título: Carta a un odiador de los lunes

¡Hola, ! Soy el lunes. Tu lunes. Uno cualquiera que se monta sobre un domingo para embetunarlo de ayer. Te traigo café pa que te subas a la faena. Soy guay, aunque no me creas. Mira a tu alrededor. La calle hierve de people. Todos sufren mi fiebre. A trabajar, que mañana es martes… y la semana se va en un pispas. Madre mía. No me odies, chiquillo, soy un día de tu vida. Un día que empieza por ele, nada más. Un día en el que respiras, en el que te das cuenta de que tienes trabajo y, por ende, un salario a fin de mes (¿ya no recuerdas cómo soñabas con esto en la facultad?) Te voy a explicar por qué, a pesar de que Luisa quería que esta historia fuese protagonizada por una persona, yo soy de verdad la estrella.

¿Cómo vas a explotar de júbilo el viernes si no pasas por mi garita primero? ¿Cómo vas a compartir tiempo con Conchi, la de administración, si no me aceptas como parte de esa aventura? ¿No lo habías pensado? Pues piensa, tronco, piensa. Soy un fragmento de tu tiempo. Un cachito de tu vida. No me desprecies, que no estoy tan mal. Estás en una rueda temporal de la que no puedes escapar. La vida es un fluir permanente que consta de muchos días con nombres distintos, que consta de buenos momentos y terribles percances. La vida es un continuo, chaval, y yo soy parte de esa corriente en la que respiras. No me estigmatices más.

No tengo la culpa de ser el primero de la semana. El martes es igual de malo que yo. Y el domingo… ese es el peor. Promete diversión y te está preparando el despertador para el día siguiente… para mí… Je, je, je… Aprende a valorar cada instante de tu existencia, pequeño saltamontes. No me culpes de tus problemas. Yo soy solo tiempo. Y tu tiempo es aquello que tú decides hacer con él. Todo esto me lo contó Sabat, que es muy  filosofeador. Deberías hablar con él, aprovecha cuando estás en el Mercadona, por ejemplo, pasan ustedes un buen rato juntos, 24 horas, para ser exactos. Verás las cosas interesantes que te cuenta. Escúchalo y escúchate. Lunes es solo un nombre asignado para cuadricular un tiempo que en ti debería ser ancho, derramado, para disfrutarlo sin cortapisas. Trabajar también es vivir. ¡Vive, chiquillo, vive y déjame vivir!

Autora: Marisol García

Título: Lunes

Lunes
Esta noche veo por última vez el cielo lleno de estrellas. Un cielo limpio de bruma, nube, polución…solo estrellas.
Que maravilloso es estar en paz con el mundo y contigo. El alma ligera,cantarina,boca sonriente,ojos expectantes.
Siento que mi rostro está fresco,casi húmedo…y yo, ¡feliz!
Contemplo nuevamente el cielo y medito, mirando fijamente a una estrella concreta. La más luminosa y grande.
¡Que afortunada soy!
Quiero retrasar el momento de irme a la cama. Me resisto a privarme de un último instante tan extasiante como este.
Entro en casa, me pongo el pijama. Conecto el despertador de mi móvil, que casi no recordaba donde estaba.
Me meto en la cama, me revuelvo entre la manta, haciéndome un ovillo. Cuento hasta 3 y apago la luz. Todo oscuro y yo,con mis pensamientos.
Tengo que madrugar. Mañana es lunes y comienza nuevamente la rutina.
¡Uffff, mañana es lunes!

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