En el mes de febrero, hemos alumbrado en el taller innumerables poemas. Unos, serios, otros, románticos, y otros, divertidos.

Aquí tienen el resultado de un juego al que llamamos DESTROZA UN POEMA. El original estaba dedicado al amor. Nosotros lo dedicamos al calor.

Lean el que hizo la compañera Marisol García Campos:

En todas partes se encontraba el calor.

¿No se podía hablar más que de calor?

Calor pasado por agua... menos mal.

Calor sobre la marcha, que es el bueno. A plazos no lo quiero.

Calor es calor, no hace falta analizarlo.

Calor ecuestre... por supuesto.

Calor con hielo, hielo sobre mi cuerpo.

Calor vivo, sin edulcorante.

Calor a pelo, sin preservativo.

Calor que corta el aire.

Calor con una gran M de maravillosa sensación.

Chorreando sudor de tanto calor.

Calor sin protocolos, calor untuoso.

Calor con sus accesorios, que se suman al calor, más calor.

Calor el que siento yo cuando veo un buen cuerpo de bombero.

O este, que compuso María Bello:

No hay nada más que calor.

En todas partes,  el calor.

Solo se habla de calor.

Calor seco de agua, avainillado.

Calor a besitos, a trocitos,

calor enlatado de amor.

Rojos abrazos por el calor.

Calor una gran L,

con un L mayúscula

que destila sin cesar

 lluvia seca de agua.

Chorreantes gotas

 en el asfixiante calor.

Untuoso el pecho 

latiendo los dos.

 El calor resurgió y

 como bomberos con extintor fulminamos el calor.

Mónica Martínez Pérez, por su parte, escribió este:

No había más que calor.

De las bocas salía fuego.

La maestra se derritió.

¡Pepe, desnúdame!

gritaba la vecina.

Calor al portador.

Chorreante de sudor

Soy un charco en la cocina.

¡Qué mareo!

¡qué sopor!

Trae la manguera

llama a los bomberos

para apagar la calor.

Y ¿qué me dicen de este de Caterina Mesa Ramos?

Calor

Todo era calor

No había más que calor

En todas partes se respiraba calor.

No se podía sudar más que calor.

Calor calimoso, terroso,

africano, calor a tortazos.

Calor húmedo, Atlántico

Calor canario

Calor abarrancado

Calor de roques, calor enriscado.

Lleno de moscas y moscardones,

lleno de mosquitos de verano.

Calor con una gran C

con una C de coñó qué calufa.

Chorreando por todos lados

cubierto de ronchas…

Calor estampado, espantoso

Calor congestionado, calor asqueroso

Calor con sus largas noches,

con sus eternos días,

con sus faltas en agosto y

sobras en diciembre,

con sus golpes que nos dejan,

como liendres en el peine.

Calor que incendia montes

y los convierte en cenizas,

suerte que nuestro pino

asemeja al ave fénix,

 resurgir es su sino.

Y ¿qué me dicen de este de Jesús Abreu Luis?

C a l o rrrrr.

En todas partes se encontraba calor.

No se podía hablar con el calor.

Calor como un huevo pasado por agua

con helado de vainilla.

Calor sexual, calor animal.

Calor de amos, calor de color.

Calor de pies.

Calor de sobacos negros.

Calor de sudor con bacterias.

Calor de coño, calor de moño.

Calor claro de clavícula cúbica.

Calor de invierno en la ingle.

Recuerdos del calor

que sudan en la mente.

Calor intermitente

ahora sí, ahora no.

Esa paloma sobrevuela el peligro

aprendió en una escuela de calor.

Calor de calor que se difumina

Calor de playa, calor de ciudad.

Calor de desierto, calor de fuego.

Calor de hogar, calor de calle.

Calor de sol, calor de luna.

Calor de bombero gordo.

Calor fuera, calor abordo.

También Cele Díaz hizo su tarea:

En todas partes se encontraba CALOR.

No se podía hablar más que de CALOR.

CALOR apagado por agua, con olor a vainilla.

CALOR a demanda, CALOR cobrado.

CALOR analizable, analizado.

CALOR ultramarino, traído por mujeres sudamericanas.

CALOR ecuestre, piel con piel, fundidos.

CALOR que da el cartón a la intemperie.

CALOR, el calorcito de un vaso de leche caliente

lleno de minúsculas partículas

de CALOR que inundan nuestro cuerpo.

CALOR con una gran C de calidad,

con una C Mayúscula,

chorreando el esperma de una vela

cubierto de rojas llamas revoltosas.

CALOR espermatozoico nevado en el exterior,

CALOR untuoso

CALOR en sus distintas formas y tamaños,

con su falta de frescor, de agonía

con la falta que hace en algunos lados.

CALOR que incendia el corazón

de los orangutanes, de los bomberos …    

CALOR, CALOR, CALOR … eres VIDA.  

Mónica Martínez Pérez también escribió el suyo:

No había más que calor.

De las bocas salía fuego.

La maestra se derritió.

¡Pepe, desnúdame!

gritaba la vecina.

Calor al portador.

Chorreante de sudor

Soy un charco en la cocina.

¡Que mareo!

¡que sopor!

Trae la manguera

llama a los bomberos para apagar la calor.

Aprendemos jugando. Eso es lo más bonito de todo, porque la poesía ya la tienen todos ellos dentro.

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