Angie Hdez.
Ángeles Hernández Cruz (Angie)

Hace unos meses escribí un artículo titulado “Mestizajes músico-poéticos”, que acababa diciendo: “…que la música y la poesía se entrelazan de forma única es apasionante”. Siguiendo el hilo de ese apasionamiento, y dado que la Historia apenas se ha hecho eco de ellas, hoy quiero centrarme en el papel que han desempeñado las mujeres en ese mestizaje. 

Empezaré hablando de la Antigua Grecia, donde la mujer tenía una posición secundaria y controlada por los varones y se dedicaba fundamentalmente al cuidado del hogar y de los hijos. Sin embargo, hubo excepciones a esta norma, y entre esas excepciones encontramos a las hetairas. Estas eran mujeres libres que generalmente ejercían las funciones de artista, contertulia, prostituta y acompañante. Recibían una educación que las formaba en áreas del conocimiento como la filosofía o en diferentes artes como la música, la danza y la poesía, por lo que era común que participaran en los simposios interpretando sus propias creaciones poético-musicales. 

Si avanzamos en el tiempo y nos fijamos en cómo era la vida de las mujeres en la Edad Media, comprobamos que sus condiciones no habían mejorado demasiado. El acceso a la cultura y la educación seguía estando vedado para la gran mayoría de ellas y solo unas pocas, pertenecientes a los estratos más elevados de la sociedad, tuvieron ese privilegio. En este reducido grupo estaban las trovadoras que, igual que sus homónimos varones, componían sus obras poéticas y musicales y las interpretaban, o las hacían interpretar por juglares o ministriles, en algunas cortes señoriales de Europa. Hay constancia de que, por ejemplo, el rey Alfonso X el sabio se rodeó de mujeres como María la Balteira, que se atrevieron a enfrentarse a las normas de la época y escribieron composiciones dedicadas al amor y al erotismo, algo impensable en una época en la que las mujeres solo podían abordar temas religiosos. 

Los juglares también tuvieron su versión femenina: las juglaresas, soldaderas, cantaderas, troteras o danzaderas. Estas juglaresas o soldaderas ( llamadas así porque actuaban a cambio de un sueldo o salario), que llegaron a ser muy populares en el s. XIII, eran de origen humilde y viajaban de pueblo en pueblo realizando un espectáculo de música, danza y poesía, siempre acompañadas de un juglar y de una manceba que hacía las veces de ayudante. A pesar de la popularidad de la que gozaron estas mujeres, la mayoría de los textos medievales que las citan lo hacen para denigrarlas y condenarlas supuestamente por prostitución y para recordar a los clérigos que no debían frecuentarlas ni darles alojamiento. 

Estas breves pinceladas históricas podrían servir para certificar que la vida de las que se dedicaron a crear y/o difundir versos musicados nunca fue fácil. 

Si damos un salto de varios cientos de años y estudiamos el trabajo de las cantautoras españolas de finales del franquismo, podríamos afirmar que su labor artística fue de todo menos sencilla. Mujeres como María del Mar Bonet, Cecilia o Mari Trini, por citar solo a tres, tuvieron que lidiar con la censura imperante y con la cerrazón de la sociedad previa a la transición para lograr transmitir mensajes de igualdad o hacer crítica social y política. Para ello, necesitaron emplear letras afiladas que envolvían sutilmente en una dulzura, a veces bucólica y otras, abstracta. Nada que ver con la fuerza que irradian las nuevas generaciones de cantautoras de nuestro país.

Y llegamos al siglo XXI, en el que aún tenemos que estar sacando de las sombras del olvido a muchas mujeres poetas. Me gustaría mencionar aquí a algunas de ellas, cuyos versos han sido musicalizados y cantados por intérpretes femeninas. La lista es larga, pero he hecho una selección de tres de mis favoritas.

 En primer lugar, hablaré del excelente trabajo realizado por Christina Rosenvinge en su disco “Los versos sáficos”. La cantante madrileña siempre ha cuidado con mimo las letras de sus canciones, pero en este álbum Rosenvinge reinterpreta los versos de la genial poeta griega desde el pop contemporáneo y nos cuenta: "Devolverle la música a los versos de Safo. Ese era el propósito con el que empezó este proyecto. Su poesía nació cantada, no escrita”. 

Este disco es consecuencia de algo mucho más ambicioso, el espectáculo “Safo”, un poema escénico, visual y musical llevado al Teatro romano de Mérida en 2024, protagonizado por Rosenvinge y creado junto a María Folguera y Marta Pazos con el asesoramiento de la excelente poeta Aurora Luque, sin duda una de las voces más acreditadas por su profundo conocimiento de la obra de Safo, la enorme poeta de Lesbos del s. VII a. d C. 

También quiero mencionar a Sheila Blanco, una joven salmantina que combina distintos géneros musicales como rock, folk, pop o música clásica con textos de su propia creación y una voz muy cuidada. Además, ha realizado magníficas adaptaciones musicales de las obras de poetas españolas como Rosalía de Castro o  de las mujeres de la Generación del 27 en su álbum “Cantando a las poetas del 27” (2020), trabajo que le llevó tres años de investigación para recuperar el legado de estas mujeres poetas españolas.

Por último, me gustaría hablarles de Cristina Mora, cantante, compositora, pedagoga y musicoterapeuta que combina jazz, pop, folclore y música africana. Ha musicalizado poemas de García Lorca o de Emily Dickinson, además de los de su propia madre, la genial poeta cordobesa Ángeles Mora, en un espectáculo músico-poético titulado “De ficciones y canciones”. He querido incluirla en este artículo porque una de las canciones de su espectáculo pone música a un hermosísimo poema de su progenitora en el que parece que por fin la Historia, como un río lleno de las voces de todas las mujeres silenciadas, hace temblar la Tierra. 

Les dejo aquí el poema y el enlace para escucharlo en la voz de Cristina. Espero que les guste:  https://youtu.be/Ve-ERd-Bc1M?si=xyUmo7dWkBMi7jPX

Sola no estás

No es cuestión de palabras,

es un rumor de fondo

queriendo aparecer.

Se entrecruzan las voces

como peces revueltos

dentro del pecho. Duelen,

hacen daño.

Fuera cantan los pájaros

y tú cierras los ojos.

Engaña la quietud del momento.

Pero a ti no te ciega

esta postal de vida retirada.

Sola no estás, el pensamiento

no deja de latir, da golpes, bulle,

igual que si la tierra se moviera.

Tú eres la tierra que se mueve,

que tiembla con el fuego de otra música.

No estás sola.

El río de la historia sobreviene.

Un murmullo se acerca.

Has de saber qué dicen esas voces

que ya no se conforman,

mujeres que callaron tanto tiempo,

razones que traen luz:

para nunca estar solas.

              Ángeles Mora, “Ficciones para una autobiografía”, ed. Bartleby 2015

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