Carlos Castilla
Carlos Castilla Gutiérrez

La isla ballena, la buscada, la deseada, la encontrada y la perdida. Pocas cosas superan su misterio, histórico, real, soñado, vivido, esperado… Uno de los enigmas más importantes de la historia, junto con la Atlántida, Shambala y otros de su naturaleza. Todos ellos representan paraísos inaccesibles, alcanzados en contadas ocasiones y que permanecen en un limbo de ensueño. San Borondón, la isla que aparece y desaparece ante los ojos humanos, figura en mapas desde muy antiguo, desde el del romano Ptolomeo que la denominó Aprósitus hasta siglos muy recientes. Pero tal vez sea el famoso viaje de San Brandán el que más revela su esencia paradisíaca. Efectivamente, este monje irlandés fue en busca del paraíso que, según cuentan, encontró en la famosa isla, donde celebró incluso una misa. Sin embargo, esta se llenó de niebla y tuvieron que embarcar para no volver a verla jamás, siendo este el método que usa para ocultarse de aquellos “que no vienen en nombre de Dios”. Algo parecido le ocurrió al navegante portugués Pedro Vello cuando regresaba de Brasil en 1570, cuando una tempestad lo llevó a la isla que describió con un valle de abundante arboleda entre dos grandes montañas. Una vez más, la densa niebla apareció y tuvieron que zarpar.

El erudito canario José de Viera y Clavijo, que también defendía la existencia de la Atlántida, opinaba que “si se ha de creer todavía existente el Paraíso Terrenal en un sitio inaccesible por voluntad divina ¿qué otro mejor país para este efecto que la Isla de San Borondón, que además de ser una de las Afortunadas, tiene la propiedad de presentarse a los ojos y de huirse de entre las manos?”.

El otro santo más famoso que buscó con tesón el paraíso fue San Amaro, también en islas, hacia el oeste, y que finalmente encontró. Su dicha fue efímera, pues solo se le permitió contemplarlo, es decir, comprobar su existencia con sus propios ojos. Una contemplación que para él fue corta, pero el tiempo real transcurrido fue de trescientos años, algo que comprobó al retornar a su tierra de origen, donde fue reconocido por los descendientes de su generación al relatar lo ocurrido. Una vez más, tenemos una señal del posible lugar, ya que San Amaro es el patrón de Puntagorda, en la isla de La Palma, situada al oeste y con visión hacia la región donde suele avistarse San Borondón. Teniendo en cuenta las pistas anteriores, podemos por fin acercarnos a desvelar el gran secreto que guarda la “non trubada” o “encubierta”, otros nombres que ha recibido históricamente y que beneficiará pronto a la humanidad. Los últimos avistamientos y la sabiduría espiritual acumulada hoy, nos permiten plantear que la isla se hace visible dependiendo de nuestra propia elevación. Solo en el estado energético adecuado se nos muestra, dándonos así el mensaje de cuál es la senda para llegar a ese paraíso anhelado, nuestra verdadera casa y origen. Esta casa no está en otro lugar que en la Tierra elevada junto a nosotros, iluminada en una dimensión superior, la quinta dimensión.

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