Iniciamos la nueva temporada ofreciéndoles algunos de los textos compartidos en la última tertulia antes del descanso veraniego, la celebrada el día 23 en la Biblioteca Pública de Puntalarga, Candelaria.

Un encuentro donde los protagonistas fueron los "errores" sobre los que hablaban nuestro reto del mes.


Emma Coello

Errores

Cuando cruzan las puertas del supermercado entras una dimensión desconocida, elijas el carrito que elijas siempre siempre te tocará uno con personalidad propia.

Vamos a ver cómo es la cosa, tú eliges un carrito limpio que previamente te has encargado de ello al quitar las bolsas que estaban en el fondo, los catálogos etcétera, etcétera. Ya estás preparada, con paso firme te diriges a la frutería a comprar las dos alcachofas, el brócoli y un par de cosas de tu dieta.

A los tres metros de coger la curva para dirigirte a la frutería es donde la rueda delantera derecha ha decidido ir por libre, no gira, vibra... se mastica el drama, avanza descontrolada a la sesión de vinos caros para, a continuación, con la misma energía, tropezar con los tobillos de la persona que se detiene tres horas a leer la etiqueta de los yogures. Tú intentas frena,r error inútil, de pronto tu estómago choca contra el manillar y te deja sin aliento ante la mirada de reproche que te lanza la cajera, al final pagas, sales al aparcamiento arrastrando al rebelde y te prometes que no vas a cometer el mismo error, la próxima vez me traigo unas bolsas, y las siguientes semanas volverás a desafiar al destino en la ruleta rusa.


Luisa Chico

Así somos los seres humanos

Avanzar, avanzar, avanzar… y a ser posible sin mirar atrás, sin ser conscientes de la mochila que cargamos a nuestras espaldas, o siéndolo, pero tratando de seguir avanzando contra viento y marea a pesar de ella.

Inmersos en una sociedad de consumo que nos va consumiendo, ella a nosotros sin remisión, a pesar de que esté en nuestras manos que eso no sea cierto al cien por cien.

Una sociedad que nos hace manipulables hasta decir basta, que nos trata como borregos humanos que devoran sin pensar todo aquello que los que mandan ponen a su alcance.

Muchos le temen a la llegada de la Inteligencia Artificial y yo me rio por dentro. La IA llegó para quedarse y no es nada nuevo, es algo gestado por el poder desde hace décadas y que ahora han decidido hacer pública y “ponerla al alcance de cualquier ciudadano”, sepa manejarse con un ordenador o no. Manipulación en estado puro.

¿Hasta cuándo vamos a seguir cometiendo los mismos errores y permitiendo que hagan con nosotros lo que quieren?

Difícil pregunta que ni yo misma soy capaz de responder porque, conociendo a los seres humanos, dejaremos que nuestros miedos e incertidumbres marquen las pautas a seguir día tras día. Pautas que “ellos” conocen cada vez mejor gracias a nuestros dispositivos móviles pero… ¿quién está dispuesto a renunciar a su teléfono, su tablet, su ordenador o su simple televisor en aras de la NO manipulación? Nadie. Ellos lo saben y lo usan para tenernos bien atados y que actuemos como desean y les conviene. Aunque hagamos oídos sordos a la información que en ocasiones nos llega y miremos para otro lado sin querer asumir nuestras debilidades, somos los culpables del deterioro de una sociedad de dudosa supervivencia a medio plazo.

Disculpen por haber cometido el error de tratar de que se paren a pensar, por un segundo, sobre la posibilidad de frenar tan evidente manipulación del Sistema, y que use para hacerles llegar esta reflexión: un ordenador para escribirlo e Internet para difundirlo y una imagen creada con Inteligencia Artificial. Incongruencias...

Así somos los seres humanos.


Miriam Suárez

Hablando de Mati

Todo empezó el verano en el que yo tenía diecinueve años y me acababa de graduar de bachillerato. Dispuesta a que el verano fuera memorable, llamé a los compañeros de clase pero misteriosamente, todos estaban ocupados. De modo que recurrí a la asociación de discapacidad, como otros años, pero debido a contratiempos, el campamento de verano empezaría un mes más tarde. Lo sobrellevé dando paseos con mis padres porque incluso mi mejor amiga se había ido de vacaciones.

En una tarde muy calurosa para salir, decidí conectarme a un chat donde se hablaba de películas, ropa y maquillaje de estilo gótico. Como se me hizo entretenido, me conectaba después de cenar y daba la casualidad que coincidía con alguien que usaba el nick de Drácula. Pero justo cuando iba a pedirle su correo electrónico, internet falló y cuando volví a conectarme ya no estaba.

A la mañana siguiente estaba leyendo una poesía compartida en el chat cuando le vi. Sin pensarlo le di mi correo electrónico y esperé que me escribiera. Bromeó diciendo que decidió seguirme la corriente porque por los mensajes que le envié notó enseguida que me había equivocado. Así descubrí que detrás del nick había un chico llamado Matías que tenía mi edad.

Mati era un apasionado de la música y quería grabar un disco de versiones. Recuerdo que se pasaba largo rato contándome cosas sobre música como por ejemplo un día en el que me contó que estaba escuchando From 9 to 5 de Dolly Parton

—Es un ejercicio me planteé para luego hacer un vídeo.

— Me gustaría verlo cuando esté terminado.

—Tengo temas guardados, para ponerme a hacer material.

— Me alegra que tengas un proyecto sólido.

— Al ser un cover que está hecho de una improvisación tiene errores entonces ahí está el dilema. Si escuchas el solo a partir de este último vídeo puedes escuchar a la mitad un acorde mal. ¿Si hicieras un cover lo tocarías con el error?

—Yo creo que sí porque forma parte de la emoción en la improvisación.

Mientras decía esto, miré el calendario que había en la pared, mañana comenzaba el campamento de verano. Cada día le envía un correo a Matías contándole cada experiencia. Por ejemplo los talleres de arte, el día que plantamos árboles o la competición de natación.

Sin embargo, con la vuelta a la rutina llegaron los deberes y el poco tiempo libre. Por lo que la relación se fue enfriando, hasta que un día simplemente llegó la última llamada en la que nos dijimos adiós. No sin antes decirnos te quiero por última vez. El primer te quiero que escuché que no venía de mis padres ni de familiares siempre será suyo.


Cayaya González

Varios enfoques sobre el error

Error

Siempre me ha parecido una palabra demasiado pequeña.

Cinco letras. Dos sílabas. Un juicio rápido.

Error

La escuchamos cuando algo sale mal, cuando un plan se rompe, cuando una decisión nos lleva por un camino distinto al que habíamos imaginado. La pronunciamos con facilidad, como si bastara nombrarla para comprender lo ocurrido.

Pero con los años he empezado a desconfiar de ella.

Pienso en las personas que se marcharon de mi vida. En las oportunidades que dejé escapar. En las veces que hablé cuando debía haber callado y en las veces que guardé silencio cuando necesitaba decir lo que sentía.

Durante mucho tiempo llamé error a cada una de esas cosas. Después comprendí algo. Un error es una cuenta mal hecha. Una dirección escrita de forma incorrecta. Una llave que se introduce en la cerradura equivocada. Son fallos que pueden corregirse porque existe una respuesta exacta.

La vida, en cambio, no funciona así.

Nadie sabe con certeza qué habría ocurrido si hubiera elegido otro camino. No existe una versión alternativa de nosotros mismos que venga a explicarnos cuál era la decisión correcta. Solo existe la persona que fuimos en aquel instante, tomando decisiones con los miedos, los sueños y los conocimientos que tenía entonces.

Por eso hoy pienso que muchas de las cosas que llamamos errores son, en realidad, lecciones con retraso. No supimos hacerlo mejor porque aún no habíamos aprendido lo necesario. No vimos la señal porque todavía no conocíamos su significado. No entendimos a alguien porque aún no habíamos vivido lo suficiente para comprenderlo.

¿Podríamos actuar de otra manera ahora? Seguramente sí. Pero esa persona que hoy sabe más no existía entonces. Y quizá ahí reside la injusticia de la palabra error: juzga el pasado con los ojos del presente. Yo ya no la utilizo tan a menudo. Prefiero pensar que la vida está hecha de intentos. Algunos terminan donde esperábamos y otros nos llevan a lugares inesperados. Algunos duelen. Algunos enseñan. Algunos dejan cicatrices. Pero incluso esas cicatrices tienen algo valioso que decir. Porque si realmente hubieran sido errores, solo habrían dejado vacío. Y, sin embargo, cuando miro las huellas de aquello que salió mal, descubro que también fueron las mismas que me trajeron hasta aquí.

Error. Siempre me he preguntado quién decidió el significado de esa palabra.

Error

Sonrió. Qué curiosa era la memoria. Si nunca hubiera tomado aquel tren, jamás habría conocido al hombre con quien compartió cuarenta años de vida. Nunca habría nacido su hija. Nunca habría aprendido a levantarse después de fracasar. Nunca habría descubierto una fuerza que ni siquiera sabía que poseía.

Aquel camino estuvo lleno de tropiezos. Hubo lágrimas. Hubo miedo. Hubo momentos en los que habría dado cualquier cosa por regresar atrás. Pero ¿era eso un error?

Clara siguió mirando la imagen.

Pensó en todas las veces que las personas juzgan su pasado desde la comodidad del presente. Pensó en cómo llamamos error a una decisión solo porque conocemos sus consecuencias, olvidando que quien la tomó no podía ver el futuro.

La joven de la fotografía no sabía nada de lo que vendría después. Solo sabía que necesitaba intentarlo. Y de pronto comprendió algo que nunca antes había entendido.

Quizá algunos errores existen. Quizá hay actos nacidos de la indiferencia, de la crueldad o de la negligencia que merecen ese nombre. Pero muchas otras veces utilizamos esa palabra demasiado pronto.

Llamamos error a una despedida porque dolió. Llamamos error a una pérdida porque nos rompió. Llamamos error a un camino difícil porque nos obligó a cambiar. Sin embargo, el tiempo suele revelar una verdad distinta.

Hay acontecimientos que no fueron errores ni aciertos. Fueron simplemente parte del trayecto. Circunstancias necesarias. Lecciones disfrazadas. Puertas que debían cerrarse para que otras pudieran abrirse.

Clara tomó un bolígrafo azul y tachó cuidadosamente la palabra escrita sobre la fotografía. Después escribió debajo una sola frase.

"No fue un error. Fue una parte de mi historia".

Guardó la imagen en el bolsillo y apagó la luz del desván.

Al bajar las escaleras comprendió que, tal vez, el mayor error de todos consiste en creer que entendemos una vida cuando todavía seguimos viviéndola.


M. Matilde Pérez Saborit

Error

Estoy en tu vida,
en tus decisiones,
en tu día a día.
Vivo contigo,
en tus sueños y
en tus vigilias.
Soy el blanco de tus iras,
el culpable de tus miedos,
la cara oculta de lo cierto,
el faro que salva tu nave.
Por mí avanza la ciencia.
Por mí, las opotunidades.
Por mí despiertan conciencias.
Por mí se abren portales.
Lacayo que abre las puertas
del palacio de tu mente,
en toda ocasión, latente.
Alimento de la duda
en busca de verdades.


Pilar Martín Rguez

El pasado presente

Reencuentro con amigas
calor sofocante
besos, abrazos, alegría.

Me siento a su lado
quiere contarme una historia,
pero sólo palabras inconexas
salen por su boca.
Su mirada se apaga,
sus ojos buscan a su hermana
y cogiendo su mano
la tranquiliza.
Ella me mira, sonríe y me pregunta:
“¿Quién eres?”
La comida se me atraganta
el estómago se me encoge,
sé que la estoy perdiendo
desde ese instante.
Quisiera entrar en su cerebro
y encontrar dónde está el fallo,
dónde está el error
que no le permite ser ella.

Reencuentro con amigas
calor sofocante
besos, abrazos, melancolía.

Pronto se quiere ir
volver a su casa
donde están los recuerdos
de su padre, de su madre
y de su infancia.

Le digo adiós,
ya no pertenezco a su vida,
no seguimos el mismo camino.
Yo,
me quedo en el presente.
Ella,
se va feliz
sin mirar atrás
en busca de su pasado.

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