Carlos Castilla
Carlos Castilla Gutiérrez

¿Cómo llamar a quien expresó como nadie las cualidades del ser humano del futuro, al mejor ejemplo de cómo deben ser los habitantes del nuevo mundo que se acerca?

Valores y cualidades expresadas en un lenguaje que todos pudieran entender, como es costumbre en los grandes mensajeros del cielo: en el lenguaje universal de la música. Por eso su arte fascina como ninguno, porque es más que arte; lleva el sello de los grandes profetas.

Hablamos aquí de un alma que nació con un  don y una misión y para quien la música, el baile y demás facetas artísticas fueron solo un medio para transmitir un mensaje universal de sanación de la humanidad a través del amor. Por eso, a pesar de lo extraordinario de su arte, no podemos quedarnos sólo en su deleite, pues no estaríamos aprovechando bien todo el potencial de su ejemplo. Las letras de sus canciones pueden ayudar, porque prácticamente todas sin excepción están encaminadas a la sanación del mundo. Encabezadas tal vez por su gran obra “Heal The World”, que puede servir de resumen de todas ellas, cada canción por separado aborda una faceta particular de esa sanación, por lo que recomendamos utilizarlas con ese objetivo, además de disfrutarlas; la sanación debe ser alegre y dichosa.

Así, por dar unos pocos ejemplos, nos animó a mirarse uno mismo en el espejo y cambiar para que el mundo cambie (Man in the mirror), a empezar a dar a los necesitados, a compartir (We are the World), a acudir a la llamada de quien nos necesite (I´ll be there), a tolerar la diversidad de razas, creencias (Black or white), a cuidar del planeta y curarlo (Earth Song), a ocuparnos de los niños y protegerlos (The lost children). A soñar y mantener la fe (Keep the faith) y sentir el mundo que viene (Can you feel it?)… sin violencia (Beat it) pero sin esperar nada de un sistema al que poco importamos (They don´t care about us), a hacer todo esto por nosotros mismos…

En un ejemplo de coherencia, su faceta artística va acompañada además de una vida ejemplar, donde todo lo expresado en las canciones se practica y hace real en su máxima expresión; donde toda la energía vital es puesta al servicio de los demás, siempre. De esta forma, Michael va mostrando su verdadera esencia desde niño, como un gran maestro elegido para elevar la conciencia de la humanidad a la que literalmente entregó su vida, en la tradición de los grandes líderes espirituales.  Fue un faro de multitudes a las que iluminó con su luz el camino del amor, para que fuera transitado por todos. Michael Jackson es, sin duda, el último gran avatar, o el primero del nuevo mundo si preferimos pensar en el futuro cuya senda trazó como nadie desde su esencia del niño-ángel que nunca dejó de ser, de alma incorruptible, valiente, pura y sensible que por ello sufrió la cruz de la oscuridad humana, pero que ayudó como pocos a eliminarla de este, nuestro planeta.

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