Conocernos y reconocernos parece una tarea tan fácil como leer un libro y, en unos días, malamente nos acordamos de su autor y quizá de algunos pasajes del mismo.
Entre los libros más vendidos están los llamados de Autoayuda. Da la impresión de que estamos ante un estado febril colectivo que busca desesperadamente la píldora farmacológica precisa que nos devuelva la temperatura deseada.
(Tuve un entrenador de fútbol que nos decía: “Vamos a ver muchachos, tenemos que empezar por el principio, ¿ustedes saben que el fútbol se juega con los pies al que hay que ponerle mucha cabeza, y que cada uno tiene una posición, pero todos deben comunicarse? Bien, pues eso, ‘vamolos’ a por ello”).
En nuestra infancia, nos enseñaron a leer y escribir con bastante eficacia, sin embargo, no tanto en la comprensión del origen etimológico de la palabra, y mucho menos en la identificación y conocimiento de las emociones, claro está, mucho menos en la gestión de las mismas, pues, no se puede gestionar lo que se desconoce. Digamos que nos vemos atravesados, inmersos y sobrepasados por algo que influye en nuestro estado de salud física y mental, por consiguiente, determina la calidad y calidez de nuestra vida.
Uno de las actividades más hermosas de los seres humanos es la relación con sus semejantes, las personas que muestran alegría, buen humor, que facilitan la comunicación con y entre los demás suelen tener bastante conocimiento de las emociones, al menos de las básicas. Incluso es posible que aunque sin conocerlas técnicamente las empleen y desarrollen a través de sus capacidades innatas.
Pero ¿qué ocurre con las personas que carecen de empatía por no poder reconocer emociones ajenas, de apariencia distante y fría, con escasa comunicación verbal o de pensamientos y comunicación simples, que parecen muy rígidos, limitantes? Personas a las que les cuesta mantener relaciones interpersonales, que confunden sensaciones y emociones, que carecen de sentido del humor, que no aprecian el valor del arte o los simbolismos. Probablemente, estamos ante un caso de Alexitimia.
¿Qué es la Alexitimia?
Para los psicólogos, la alexitimia es un desorden neurológico que hace imposible detectar y reconocer las emociones propias y, por tanto, hace incapaz la expresión emocional de la persona afectada, haciendo parecer que son personas sin emociones.
El término alexitimia deriva del prefijo griego "a-"(sin) y las palabras "lexis" (palabra) y "thimos"(emoción, pasión)
Para facilitar la comprensión de qué es la alexitimia, estos son algunos ejemplos del tipo de personas que pudieran tener la afectación.
Alexitimia: causas
Las causas se dividen en dos , primaria y secundaria.
En la Alexitimia primaria su causa es biológica y son las más graves. En estos casos, existe un déficit neurológico que puede afectar al cerebro de dos posibles maneras:
El déficit interfiere en la comunicación del sistema límbico, que está implicado en la gestión de las emociones, y el neocórtex, implicado en el razonamiento.
También es posible que se dé un déficit en la comunicación entre los dos hemisferios del cerebro; incomunicando el hemisferio izquierdo, que está involucrado en la producción del lenguaje, con el hemisferio derecho, que regula y cataloga las emociones.
Este tipo de alexitimia puede tener un origen hereditario y se muestra en los inicios de la infancia, o bien aparece después de una enfermedad neurológica, como Parkinson y la esclerosis múltiple. También se dan casos de alexitimia a causa de ictus, tumores cerebrales o traumatismos.
En la Alexitimia secundaria la causa es psicológica y su gravedad es variable.
Este tipo de alexitimia se puede deber a la vivencia de experiencias traumáticas por parte de la persona, tanto si ha sido en la infancia como en la etapa adulta. Muchas de estas personas además acostumbran a padecer Trastorno por Estrés Postraumático (TEP).
Puede aparecer en diversos trastornos psicopatológicos como la depresión, las adicciones o por trastornos de alimentación.
Se puede dar en casos de desorden del aprendizaje emocional por culpa de una mala educación emocional.
¿La alexitimia tiene cura?
En la mayoría de ocasiones, no son los afectados con alexitimia los que dan el primer paso para poder iniciar un tratamiento. Su falta de comprensión de lo que les ocurre hace que no asocien sus problemas con un problema psicológico. Por lo tanto, necesitan de la implicación del entorno familiar o afectivo.
¿Cuál es el tratamiento para la alexitimia?
El tratamiento se concreta en trabajar el desarrollo de capacidades y habilidades de la inteligencia emocional. El objetivo radica en ayudar al afectado a reconocer emociones, ponerles nombre y luego trabajar la autorregulación emocional.
En el caso de la Alexitimia primaria existirá a la vez un tratamiento farmacológico. Mientras que el tratamiento psicoterapéutico será más afectivo con personas que presenten una alexitimia secundaria.
En cualquier caso, se debe acudir a un profesional con capacidad para evaluar científicamente el diagnóstico. Como podemos observar y a modo de conclusión,conviene resaltar la Importancia de la Educación Emocional, pues la falta de educación emocional desde la infancia contribuye a la dificultad en la gestión de las emociones. Es esencial fomentar la comprensión y el reconocimiento de las emociones para mejorar la calidad de vida y las relaciones interpersonales y muy especialmente las intrapersonales.
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