Claudia Pérez Domínguez nació en Tenerife en 1997. Es profesora de Geografía e Historia, historiadora del arte, prologuista de varios libros de poesía y escritora. A través de sus obras, explora y comparte su vida interior, ―nos cuenta― “invitando al lector a acompañarme en un viaje de reflexión y autoconocimiento”. Ha publicado los poemarios Luz que siembra (2020), Torcidos (2022), Días inmediatos (2023), Hijas de la espera (2023) y Una criatura en las manos (2024). En cada uno, ―continúa―, “plasmo un reflejo íntimo de mis experiencias y mi sensibilidad hacia el arte y la vida”.
Claudia, además, ha participado en diversas antologías y ha impartido talleres de escritura creativa e introspectiva, vinculados a la Historia del Arte, con la intención de acercar la Historia a los demás desde una perspectiva personal. Esta joven escritora concibe su obra “como un diario abierto, en el que exploro temas diversos y profundizo en la introspección, integrando referencias artísticas y literarias que enriquecen ese hilo conductor de un viaje por mi mundo y por la interpretación del mundo que me rodea”.
― Cuéntanos, Claudia, ¿cuál es tu último libro publicado?
― Se trata de Una criatura en las manos, un poemario autopublicado.
―¿Por qué y para qué escribes?
― Escribo por y para mí. Es una necesidad que surge de la urgencia de conectar conmigo misma y, a la vez, de escapar, aunque sea por un instante, del mundo que me rodea. La escritura me ayuda a poner en orden lo que siento, a darle forma a aquello que difícilmente puedo expresar en voz alta, y me permite explorarme de una manera más íntima. A través de las palabras, encuentro un refugio donde todo va tomando su lugar, los pensamientos se aclaran, y lo intangible se vuelve visible porque se palpa mediante la unión de estas. Es un proceso de descubrimiento y autocomprensión, donde lo más personal me ayuda a conectarlo al exterior y poder expresarlo. Escribir me permite ser consciente de lo que no nombro, de mis silencios y contradicciones. No deja de ser un encuentro conmigo, pero también, es un puente que me ayuda a conectar con otros y rara vez nos detenemos a contemplar. Es, en definitiva, una forma de abrazar mis vulnerabilidades.
―¿Desde cuándo escribes?
― Desde pequeña, desde que tengo uso de razón, me veo escribiendo y con libros en mis manos. La literatura siempre ha sido, y sigue siendo, mi refugio, un espacio donde no puedo limitarme y me permito expandirme. Ahora, que soy más consciente de mi relación con la escritura y la lectura, se han transformado también en una herramienta para entender y comprender, pero también, para evadirme y poder imaginar otros mundos.
― Cuéntanos, ¿qué es la literatura para ti?
― Para mí, la escritura es un medio de exploración y descubrimiento. Es una forma de entender mis pensamientos y sentimientos, darles sentido y compartirlos con otros. A través de la escritura, puedo plasmar mis ideas y crear mundos nuevos, lo que me permite escapar de la realidad y sumergirme en el juego de la palabra. Es un espacio donde puedo ser honesta, reflexionar y conectar tanto con los demás como conmigo misma.
― Nos despierta curiosidad saber con qué lecturas has crecido…
― Crecí acompañada por los libros de Laura Gallego durante mi adolescencia; creo que tengo casi todos sus títulos, si no todos. La trilogía de Memorias de Idhún marcó un antes y un después en mi vida; fue un universo donde siempre podía volver, al que regresaba cada vez que lo necesitaba (y todavía lo sigo haciendo). Idhún se convirtió en un segundo hogar, un lugar de escape y consuelo en el que podía perderme y reencontrarme. Más tarde, gracias a una recomendación, descubrí a Carlos Ruiz Zafón, un autor que para mí se ha vuelto indispensable. La sombra del viento y El príncipe de la niebla son mucho más que historias; son libros que he releído y que siempre encuentran una nueva forma de llegarme. La manera en que Zafón captura la magia de las palabras, los misterios y las emociones profundas me marcó tanto que transformó mi manera de entender la literatura y la palabra.
―¿Cuál es tu libro de cabecera?
― Es complicado elegir, pero me quedo con Lo mejor de ir es volver, de Albert Espinosa.
― Nos gustaría que nos contaras cómo has escrito, publicado y vendido tanto con lo joven que eres…
― He escrito toda mi vida, aunque, sinceramente, casi nunca lograba terminar mis proyectos. Se quedaban ahí, esperando, y muchos acababan olvidados en algún rincón. Sin embargo, fue gracias a las redes sociales que comencé a tomarme en serio esta faceta; sentir la necesidad de publicar y de mostrar lo que llevaba tanto tiempo guardando solo para mí. Finalmente, en 2020, publiqué Luz que siembra, mi primer libro. La experiencia no fue del todo positiva, pero me dejó lecciones valiosas que he seguido desde entonces: si no muevo mis libros, nadie lo hará por mí. Este primero, más allá de las lecciones que me hicieron cambiar la perspectiva y darme cuenta de que estaba en un mercado, me trajo también conexiones fundamentales; personas que, hoy en día, se han convertido en grandes amigos y compañeros de camino. Las redes sociales, además, han sido un motor clave para darme a conocer y para poder ofrecer mis libros en el mayor número de formatos y en la autopublicación. Aun así, he sido consciente desde el inicio de que este camino es un proceso constante: los resultados no son tan inmediatos como las redes nos hacen creer. Hay que moverse, participar en eventos presenciales, y no olvidar el motivo por el que se empezó.
― Dinos, ¿qué papel juega el marketing en tu proceso de escritora y editora?
― El marketing ha sido fundamental para segmentar mi audiencia, comprender cómo interactúan en redes sociales y encontrar la mejor manera de acercarles mis poemarios. También me ha permitido mantenerme al día con las tendencias en redes y adaptar esas estrategias a mis contenidos, siempre cuidando de no perder de vista mis propios objetivos de publicación. Amo el aprendizaje constante, y siempre estoy en búsqueda de nuevas formas de actualizarme y expandir mis conocimientos en las áreas que me interesan.
Recientemente, he realizado cursos sobre Marketing y Comercio Online, porque tengo claro que las redes sociales son clave en cada paso del camino, desde la búsqueda de nuevas oportunidades hasta la conexión directa con los lectores. Esta formación me ha dado herramientas prácticas y me ha ayudado a fortalecer mis estrategias para crear una relación cercana y genuina con mi audiencia.
De hecho, gracias a ello, no tenía idea de que podía llegar a tener un público. Al principio, escribía solo para mí misma y, aunque sigo haciéndolo, ahora soy más consciente de que mis palabras pueden crear conexiones. Es el lector quien decide quedarse o irse, y eso me llena de gratitud. Saber que hay personas que dedican su tiempo a leer lo que escribo me hace sentir acompañada en este viaje, sobre todo, porque la escritura puede ser una actividad muy solitaria y el tiempo que me regalan, lo valoro enormemente.
―Para ir finalizando, ¿tienes algún consejo para los de la vieja escuela, para aquellos y aquellas que ya peinamos canas?
― La escritura y el marketing son dos disciplinas que, aunque distintas, pueden complementarse de manera efectiva. La escritura permite a la autora expresar sus ideas y emociones, mientras que el marketing se encarga de llevar esas palabras a un público más amplio. Al comprender cómo funciona el marketing, puede adaptar su mensaje para conectar mejor con sus lectores y atraer su atención. El marketing le ayuda a identificar a su audiencia y a comprender qué les interesa. De este modo, puede crear contenido que conecte con ellos, sino que también los motive a interactuar con sus obras, recomendarlas y reseñar. Las redes sociales, por ejemplo, son una herramienta clave para compartir sus escritos y construir una comunidad. No obstante, eso no es todo. Solamente son herramientas que, si quieres y consideras necesarias, puedes experimentarlas para darte a conocer. Lo importante es seguir disfrutando de lo que haces.
Tiene razón Claudia. Lo importante es disfrutar en la escritura… ¡Cuánta serena sabiduría en una mujer tan joven! Una mujer del presente y del futuro que nos ha regalado una charla tan sosegada como fructífera, tan reflexiva como inquietante. La distopía que nos ha señalado como libro de cabecera hace a quien escribe reflexionar sobre la lucidez y madurez de una escritora tan joven y tan preparada para la sociedad. La que está aquí y la que viene ya tocando a la puerta con los dedos de la IA.
El último libro de Claudia es Una criatura en las manos, un poemario que la autora resume de la siguiente manera:
trepar la desnudez
de los nombres propios
mientras
las vulnerabilidades del diálogo
¿Qué puedo añadir? Con la firma invitada de este mes de noviembre estamos ante una escritora en cuyos poemas transitan la innovación formal y la sensibilidad. El autodescubrimiento, la búsqueda del yo y del otro rondan por las esquinas de los versos como en un baile de palabras elegidas a la perfección. Puedo asegurar, porque lo he leído, que el ejercicio de acercarse a Una criatura en las manos es confortante, desconcertante, impactante. Todo un desafío para quien busca romper horizontes leyendo poesía. No dejará a nadie indiferente.
―Gracias, Claudia, por regalarnos tanto a través de tus versos. Para terminar, defínete con una frase:
―Soy muy introspectiva, en busca constantemente del autodescubrimiento y la conexión emocional a través de la exploración del arte y la vida. Quiero comprenderme mejor y compartir mis experiencias con los demás.
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