Joseíto Acosta
José Vicente Acosta Díaz

El respeto que no se aprende en casa, se aprende fuera. A veces, este pequeño matiz ayuda a que los padres organicemos mejor nuestras acciones, tal vez con menos dudas y, quizás, sintiéndonos menos culpables, más protegidos y respaldados en la educación de nuestros hijos.

Para mí, existe una diferencia entre educar y enseñar: enseñar es facilitar la vida, mientras que educar es PREPARAR para la vida. En ocasiones, sin ser conscientes, solo nos dedicamos a enseñar, facilitando las cosas y protegiéndolos en exceso para que no sufran, por miedo a que nuestros hijos vivan el sufrimiento que nosotros experimentamos. Sin embargo, es importante recordar que la vida está llena de desafíos y que debemos afrontarlos. Tal vez, en lugar de sobreprotegerlos, deberíamos educarlos, preparándolos para que resuelvan sus propios problemas, para que busquen soluciones, fomentando así su capacidad y autonomía. Al fin y al cabo, lo que deseamos es que, al convertirse en adultos, se sientan seguros, que no necesiten aprobación, pues son válidos por sí mismos para tomar decisiones y ser coherentes con ellas. Esa es la verdadera libertad, y ser libres nos hace felices.

Sin embargo, no siempre educamos. A veces, es fuera de casa donde nuestros hijos afrontan los grandes golpes, esos mazazos que, en ocasiones, nos dejan sin aliento.

Cuando preparamos a nuestros hijos para que vivan lo que les toca, no les estamos fallando. Muy al contrario, les estamos brindando la oportunidad de afrontar la vida sin el mismo sufrimiento que experimentamos nosotros, aportándoles herramientas y dejando que sean ellos quienes transiten su camino, sintiéndose así preparados, con la autoestima y la confianza necesarias para afrontar lo que les depare el destino, siendo ellos mismos. Aprenden a respetar su espacio vital, a decir NO, a establecer orden: "Hasta aquí. Esto no lo permito". Se respetan y se aman, para poder amar al prójimo de la misma manera.

Así que, tal vez, deberíamos preguntarnos si realmente somos buenos padres al facilitarles todo a nuestros hijos. Y si nos sentimos "malos" padres por no facilitarles todo, sería sensato reflexionar y observar lo que realmente estamos haciendo: ¿les estamos facilitando la vida debido a nuestros propios miedos o, por el contrario, les estamos ofreciendo, gracias a ese miedo que ya hemos transitado, lo que hemos aprendido, comprendido e integrado?

La línea es muy delgada, difícil de equilibrar en ocasiones, sin embargo, para mí, lo más lúcido es prepararlos para que afronten sus miedos, para que vivan su vida y recorran su propio camino. Eso, para mí, es educar, PREPARARLOS PARA LA VIDA.

Lo que sí tenemos claro es que es preferible que aprendan en casa, donde siempre lo harán de manera amorosa y desde lo mejor de nosotros, porque los amamos profundamente.

Reflexionemos juntos, sobre todo si este texto nos hace pensar. Aún estamos a tiempo de cambiar si así lo sentimos...

No siempre es fácil, pero lo importante es hacerlo, sin juzgar permanentemente nuestras acciones ni a nosotros mismos. Nadie sabe ser padre o madre de antemano, SE APRENDE EN EL CAMINO...

Añadir nuevo comentario