La calle me envuelve. Siento que la calle es mía. Que soy su dueña cuando la piso y la respiro. Voy vestida de calle y son más mías sus puertas, ventanas, chaplones, llamadores y rejas. En las calles abiertas soy persona amiga, me abraza la loza chasnera o de Arico, la tierra, el asfalto y las piedras. En la calle alborotada, bailo y rio, soy libre de momento. También hay amargura en las calles , “por quedarse, plantarse o hacer la calle”. La calle es el pueblo por dentro, su alumbrado, sus aceras, competencia del ayuntamiento: realzarlas y que sean cada vez más bellas.
Y me pregunto qué fue primero ¿La calle, el pueblo o la palabra? Y la respuesta es la palabra sendero, pues calle viene de latín “callis”, que significaba el sendero creado por los animales. Después surgen los grupos sociales que deciden asentarse en casas, formado pueblo y calles para su comunicación. Los romanos fundaron las calzadas de piedras, uniendo pueblos, ciudades, imperio. Nosotros, los naturales y repobladores de nuestros pueblos isleños, configuramos las veredas y rutas aborígenes en caminos y caminos reales. Y dentro de los pueblos, las calles que con sus nombres nos recuerdan que son arterias vivas de la memoria.
En la calle de mi infancia brotaba la tierra, era recta hasta el Roquito y por ello recibía el nombre de Camino el Roquito. Hoy, calle Luciano Bello, con asfalto, aceras, alumbrado y árboles.
En las calles de Villa de Arico, se fusionan historia y vida. Nombres documentados como así lo refleja el testamento del fundador del pueblo, Juan González Mexía, con fecha 10 de marzo de 1629, nombra:”por la parte de abajo el camino Real que va de mi casa a la Cruz del Bermejal”. Posteriormente, según el padrón de 1779, “el Lugar del Lomo tenía una calle Real que lo divide por medio y otra “travesada, y Lugar de Arriba”. Y, en los padrones de 1820 a 1830, encontramos los nombres en el Pueblo del Lomo: Fuente Blanca, Brecito Alto , El Calvario hacia la iglesia, La iglesia parroquial a Asomadita, Vuelta de la Asomadita a la plaza de abajo, El Convento, El Callejón, Cruz del Carmen, Vuelta arriba del Pueblo, La Vera, La Hoya, El Rincón, El Paso, Calle que sale de la iglesia a la de la Estopa concluye en el pozo de las Canales, La Estopa, El Lomo de las Fuentes, Guama y Abona.
La mayoría de estos nombres se conservan hoy: unas son calles, otros callejones o lugares y con nombres nuevos. Las menos, Fuente Blanca y el Brecito Alto, quedan en los documentos y en la memoria de los mayores. La Calle el Calvario se ha dividido en otra calle con dos nombres olvidados, “Calle Grande” y “Calle Antonio Hernández”; actualmente, Calle Benítez de Lugo.
Mi calle, las calles de vidas vividas, historias compartidas, haciendo caminos, no dejando atrás lo vivido, fluyendo con las generaciones, negándome al olvido. Ofrenda de las mieles de los cielos al pasado de sus venas y con mi ávida pluma ofrecerlas a ustedes.
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