Continuamos nuestro paseo por la historia del teatro y llegamos a la Antigua Roma.
Tenemos que hablar en primer lugar del origen de esta disciplina artística y género literario, así como del lugar que lo albergaba arquitectónicamente hablando, que se encuentra en el teatro griego y el período helenístico respectivamente.
En Roma los primeros teatros se construyeron de madera y adobe y se derribaban después de que terminara el evento para el que fueron erigidos. Una ley impedía la construcción de teatros permanentes, pero en el año 55 a. C. se construyó el primer teatro en piedra y estable, el Teatro de Pompeyo, incluyendo un templo para evitar que quedara fuera de la ley.
En cuanto al género literario y su representación, pasó de ser una herramienta de formación, filosofía o crítica social del teatro griego, a una forma de entretenimiento y espectáculo por sí mismo, en el romano. Incluía textos, música, escenografía e indumentaria y se representaba en latín. Solo intervenían los hombres, que llevaban máscaras, por lo que podían interpretar a féminas y actuar con varios papeles en la misma obra.
Se escribieron y representaron fundamentalmente comedias que eran muy populares, y tragedias, así como algunos otros subgéneros. Se crearon compañías de teatro profesionales formadas por grupos de actores que hacían giras por varias provincias. Las obras se escribían en verso, aunque también incluían partes de dialogo. Las entradas eran gratuitas y el público se comportaba ruidosamente. Comenzaron a utilizar frentes escénicos con paisajes realistas pintados detrás del escenario que servían de decorado y para que el público se pudiera centrar más aún en el espectáculo; también mostraron interés por mejorar la acústica y la visibilidad, algo patente en sus construcciones arquitectónicas; estos espacios eran cada vez más grandes para poder albergar a más espectadores.
Se sabe que hubo una epidemia de peste devastadora en el año 364 a. C., por lo que los ciudadanos romanos comenzaron a incluir juegos teatrales en las ceremonias para apaciguar a los dioses.
En un principio las obras del teatro latino eran traducciones y adaptaciones del teatro griego y, paulatinamente, fueron apareciendo las de producción propia con personajes, lugares y asuntos romanos.
Entre los primeros autores destacan Livio Andrónico (comedia y tragedia) y Cneo Nevio (drama) de los que no se ha conservado ninguna obra.
De la época del imperio el más representativo es el filósofo Séneca, nacido en Córdoba, que explora los conflictos emocionales, el autoengaño y otras variedades de confusión psicológica con los que dramatiza y se convierte en un referente de la tragedia romana. Sus obras trágicas (Hércules furioso, Hércules en el Eta, Troyanas, Fenicias, Medea, Fedra, Edipo, Agamenón y Tiestes) se supone que fueron escritas para ser leídas en su círculo y nunca llegaron a representarse.
En la tragedia, los protagonistas suelen ser dioses o héroes, su tono es solemne y su lenguaje elevado. En la comedia: el hombre de la calle y su lenguaje es popular, desenfrenado y, con frecuencia, grosero, buscando la risa.
En la comedia destacan Plauto y Terencio que eliminan el coro e incorporan la música que se escucha de forma simultánea a los diálogos. Cultivan la comedia Palliata.
Los personajes típicos de este género son:
El adulescens que es un hombre joven y soltero, generalmente en la adolescencia o en la veintena que busca el amor de una prostituta o una esclava, que luego se revela como una mujer nacida en libertad y elegible para el matrimonio.
El senex que se ocupa principalmente de su relación con su hijo, un adulescens; a menudo se opone a la elección de su hijo, otras veces lo ayuda a lograr sus deseos.
El leno ("lenón"), es el personaje del proxeneta o 'traficante de esclavos'
El parasitus ("parásito") a menudo se describe como un mentiroso egoísta.
La matrona que es el personaje de la esposa y la madre, y generalmente se muestra como una molestia para su esposo, interfiriendo en la posibilidad para perseguir a otras mujeres.
La virgo ("joven doncella") es una joven soltera, y es el interés amoroso del adulescens.
En la época clásica el teatro entra en un periodo de franca decadencia. El público romano se sentía más atraído por los espectáculos del circo o del anfiteatro que por las representaciones teatrales. Aquellos incluían luchas entre animales y más tarde de gladiadores.
En España contamos con dos importantes muestras de teatros romanos: los restos del Teatro Romano de Málaga y el Teatro Romano de Mérida, uno de los mejores conservados del mundo, donde todavía se realizan interpretaciones teatrales.
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