Tycho y Gavilán Caguarero
Autor: Tania Ramos Morales.

En una ocasión estaba Tycho entretenido mirando los bellos caracoles cerca del río, cuando, de repente, oyó un sonido atronador. Bien conocía Tycho ese ruido. Se trataba de un disparo. En ese momento sintió que alguien se acercaba. Se escondió, para ver que sucedía. Por el sendero que bordeaba el ruido venían peleando Ñico y su ahijado Guacho, de cuya presencia el Nenúfar le había advertido. Se quedó quietecito, para que no lo vieran y poder escuchar.

-No, no voy a descansar hasta que lo mate. Está acabando con las gallinas, ¿acaso tú no lo ves?- decía muy alterado Ñico.

-Padrino, yo te juro que no es el Gavilán  Caguarero. Créeme -continúo Guacho, seguro de sí mismo-. Te lo voy a demostrar.

-Inténtalo si es que puedes y no hablemos más –sentenció Ñico- ¿Te quedas o sigues conmigo?

-No, padrino, necesito pensar. Me quedaré un rato aquí.

-Está bien, pero no demores.

Miguelito (ese era el verdadero nombre de Guacho) sintió un ruido y preguntó:

-¿Hay alguien ahí?

Tycho salió. Guacho no ocultó su deslumbramiento ante la presencia del pato más bello que había visto el monte cubano. Al tiempo que exclamaba:

-¡Un Huyuyo!, ¿Qué haces en el río?

-Estaba mirando los caracoles tan bonitos que hay aquí.

-Oye, ¿a quién quiere matar ese señor?- preguntó Tycho preocupado.

-Aahhhh! ¿Lo oíste, verdad? A Gavilán Caguarero. Lo que pasa,  Tycho, es que mi padrino cree que él es el que se come las gallinas.

-¿El Gavilán Cagua….¿qué? -pregunta Tycho extrañado.

-Ca- gua- re-ro,Tycho -rectificó- se llama así porque come caracoles grandes llamados caguaresSí, pero, oye, ¿Por qué estás tan extrañado?

-Porque hasta donde yo sé los gavilanes comen aves, ratas, ratones, y hasta insectos, pero… ¿Caracoles?

- Pues sí, el Gavilán Caguarero solo come caracoles -y continúo Guacho-ven conmigo, para que veas más caracoles.

Avanzaron un poco más.

-Mira, en aquel lugar hay otros más bonitos, de muchos colores, con su concha multicolor,  ¿los ves? Se llaman Poymitas. Vamos para que las veas de cerca.

Tycho que era arisco, titubeó.

-No temas- dijo Guacho- soy amigo de los animales.

Tycho lo siguió. Pronto encontraron caracoles preciosos; pero uno resaltaba entre todos por su tamaño, Tycho preguntó:

-¿Y aquel tan grande y rosado?

De pronto Guacho se agachó y cogió uno distinto a todos:

-¿Ves este, Tycho? Es el Caguaroel predilecto del Gavilán Caguarero, por eso lo llaman así. ¿Comprendes ahora mi preocupación?¿Tú sabes lo peor de esto? Pues que quedan muy pocos gavilanes como este.

-¿Y qué podemos hacer? -Preguntó Tycho desesperado ya.

-¡Todos debemos cuidarlo! Tengo mucho miedo Tycho. Mi padrino es muy testarudo… un ave que no es arisca, y deja que el hombre se le acerque. Corre un inmenso peligro… Figúrate que le dicen Gavilán sonso, que significa soso, tonto, o simple.

Una preocupación muy grande y una decisión irrevocable los unió. Una cosa si era muy cierta estaban convencido de que algo había que hacer y rápido. En estos pensamientos estaban cuando apareció la paloma Azulona…          

-¡Guacho, Guachoooooo! -exclamó  asustada- Tu padrino está esperando como cosa buena a Caguarero para matarlo y lo más bonito del caso es que no es él, yo sé quién es.

-¿Tú sabes quién es? -preguntó Tycho alarmado.

-Sí, yo lo sé -contestó resuelta Azulona-, recuerden que yo como junto a las Gallinas… Es Gavilán del Monte.

-No te preocupes, Azulona, esto lo vamos a resolver, pero ya- dijo Guacho.

-Pero, ¿Cómo? -preguntó Tycho.

-Se me ocurre una idea -señaló Azulona-. Vamos a alejar a Caguarero por un tiempo.

-Pero, ¿Cómo? ¿Cómo? -insistió Tycho.

-Pues bien, recogeremos muchos caracoles, los suficientes para que Caguarero tenga comida.

-Pero tiene que salir. No puede estar escondido siempre.

-Bueno, primero vamos a hacer eso. El ladrón, el verdadero ladrón, aparecerá. Hay que ser paciente- apuntó Guacho.

-Vamos para decirle todo esto a Caguarero -dijo Azulona que hasta ahora estaba callada.

Tycho, Azulona y Guacho recogieron cuantos caracoles pudieron sobre todo caguaros y convencieron a nuestro amigo del peligro que corría. Él estuvo en todo de acuerdo.

El plan previsto por sus amigos marchaba. La verdad siempre se abre paso y, sobre todo, cuando de injusticias se trata. Afortunadamente,  el retiro de nuestro amigo Caguarero no duró mucho.

Una mañana, cuando Ñico daba de comer a las gallinas, vio con sus propios ojos como Gavilán del monte apresaba entre sus garras a una de sus gallinas, y antes de que saliera de su asombro, Gavilán alzaba el vuelo con la presa entre sus garras.

-¿Ves, padrino?- dijo Guacho que lo observaba junto a Tycho y Azulona.

-Tú tenías toda la razón, ahijado. ¿Qué puedo hacer para que perdonen mi mprudencia?- suplicó Ñico esta vez.

-¡Ahhhh! Pues muy facilito, vamos a invitar a Tycho a Cuabear.

-¿Cuabear? -preguntó Tycho.

-No te preocupes, ya lo sabrás. Esperamos por ti. -contestó Guacho.

Horas después, Tycho supo que cuabear, era pescar en la noche a la luz antorchas…

Y de esta suerte se abrían las puertas a una nueva y linda  amistad.

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