

En la biblioteca familiar de los García-Panasco, me encontré uno de esos tesoros que solo aparecen para dar luz al sendero de la investigación genealógica. Con sus tapas de color rojo, firmado por su dueño y con la decadencia de hojas amarillas que esconden en sus 384 primeras páginas historia de la ciudad de Cádiz, y en sus últimas 144 publicidad del momento, y que hoy extraemos detalles económicos y sociales de la época.
Almanaque de 1899, para el obispado de Cádiz, Islas Canarias y demás posesiones españolas en África. Así da comienzo, una vez finalizado el índice, esta Guía. Solo con el título ya nos hacemos una idea de cuanto nos espera a través de sus páginas. Es en el zambullido de las mismas, cuando las emociones afloran, recorremos las calles de Cádiz a través de entradas y salidas de calles, que es como se identifica el callejero. Calles y números de las casas que comprende cada feligresía… Y aquí el primer gran regalo, podemos acercarnos al nombre de la Iglesia o Parroquia dónde nuestros familiares estaban inscritos si sabemos el nombre de la calle donde nacieron o vivieron. La genealogía está viva en cada dato, en cada detalle que encontramos.
Podemos saber de la Instrucción pública, de la junta de instrucción pública de la provincia de Cádiz, quienes eran sus dirigentes, desde la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad Literaria de Sevilla en Cádiz, hasta los colegios de 1ª y 2ª enseñanza, las Escuelas Primarias y todas las sociedades de educación.
Las empresas, los negocios, los transportes, Gobierno militar, sus mandos y sus nombres.
Y encontramos Indicador de domicilios. El listado de nombres y apellidos más detallado de los habitantes de Cádiz, sus oficios, dónde vivían. Todo ello, en hojas de color rosa y en un apartado final de hojas amarillas como el resto de la Guía, Un plano de la ciudad de Cádiz y dos páginas con el título: Extramuros. Allí encontramos, abogado, estibador, arrumbador, herrero, tonelero, cerrajero, panadero, empleado, carpintero, y también a Encarnación García Barroso, profesora de instrucción primaria en Sociedad número 2.
La curiosidad que lleva a la búsqueda de antepasados.
No puedo pasar más páginas sin averiguar si en esta Guía también están los bisabuelos de mi amiga, y tras una mini conversación con ella, me pongo a la búsqueda y en un breve e intenso tiempo, les encuentro:
Bastardi y Ermida, Eduardo, fabricante de chocolates,
Bastardi y Ermida, Julio, recaudador de cédulas personales,
Bastardi y Fabiano, Eduardo, fábrica de chocolates y propietario.
De nuevo, aparecen los sentimientos de orgullo, de saber de dónde venimos, de pertenencia, de raíz, y la constatación que la “Historia oral” de las familias es la verdadera Historia de los pueblos, del otro lado del hilo del tiempo aquellos “Chocolateros” nos dejan una historia simple y a la vez hermosa y grande. Sus nietas reconocen a sus abuelos que fabricaban chocolate en Cádiz.
La genealogía no tiene fronteras, ni está alejada de los humildes y trabajadores. Todos tenemos árboles genealógicos de gran colorido, porque los sentimientos nobles se vengan de la cuna que vengamos, nos hacen importantes.
Sigamos rescatando nuestro legado de los abuelos.
Si ha gustado este artículo, puede leer mi artículo anterior: https://www.actecanarias.es/es/node/2438
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