

Hablar de identidad canaria no es hablar únicamente de una bandera ondeando al viento, ni de un acento que nos delata con ternura en cualquier aeropuerto, ni de una postal con plataneras, volcanes y puestas de sol sobre el Atlántico. La identidad canaria es algo más hondo: una forma de estar en el mundo desde la orilla, desde la distancia, desde esa condición insular que nos ha obligado siempre a mirar hacia fuera sin dejar de preguntarnos quiénes somos dentro.
Ser canaria, ser canario, formar parte de este pueblo, significa vivir atravesados por muchas capas: la memoria aborigen, la colonización, la emigración, el retorno, el puerto, el comercio, la agricultura, la pobreza, la resistencia, la mezcla cultural, el mar como frontera y como camino. Canarias no es una periferia decorativa de España. Canarias es una realidad atlántica, europea, africana y americana a la vez. Somos cruce, somos tránsito, somos raíz y viaje. Y eso, aunque a veces se nos haya querido reducir a destino turístico, tiene una profundidad histórica y política enorme.
Nuestro Estatuto de Autonomía nació con la Ley Orgánica 10/1982, de 10 de agosto. Aquella norma fue el punto de partida jurídico de nuestro autogobierno dentro del marco de la Constitución española de 1978. Más tarde, el Estatuto fue reformado mediante la Ley Orgánica 1/2018, de 5 de noviembre, actualizando nuestra realidad institucional y reconociendo con mayor claridad las singularidades de Canarias. En Derecho comparado, un estatuto de autonomía puede entenderse como una norma institucional básica: no es una Constitución soberana, porque Canarias no es un Estado independiente, pero sí organiza nuestras instituciones, delimita competencias y reconoce nuestra personalidad política dentro de un Estado compuesto.
La Constitución española, en su artículo 2, reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que integran España. De ahí nace el llamado Estado autonómico, un modelo que no es exactamente federal, aunque comparte con el federalismo la idea de descentralizar el poder. La diferencia está en que, en un Estado federal clásico, los territorios federados participan de forma más clara en la estructura del Estado y en la soberanía compartida. España, en cambio, construyó su sistema autonómico con una arquitectura ambigua, útil en la Transición, sí, pero insuficiente para resolver muchas tensiones territoriales que siguen vivas.
Y Canarias lo sabe bien. Nos costó construir nuestro autogobierno. Nos costó ser escuchados. Nos ha costado siempre explicar que la lejanía no es una anécdota geográfica, sino una condición política, económica y social. La doble insularidad, la dependencia exterior, la fragilidad del territorio, la presión turística, el coste de la cesta de la compra, la inmigración, la dificultad de acceder a una vivienda digna y la necesidad de proteger nuestro patrimonio natural y cultural no pueden entenderse desde una mirada centralista. No se gobierna igual un territorio continental que un archipiélago situado frente a la costa africana. Y quien no entienda eso, no entiende Canarias.
Por eso defiendo que España debería caminar hacia un modelo federal, republicano y valiente. No por capricho ideológico ni por romanticismo político, sino porque un país plural necesita una arquitectura institucional que reconozca su diversidad sin tratarla como un problema. Un modelo federal permitiría ordenar mejor las competencias, reconocer la singularidad de los territorios y construir una convivencia más honesta. Y una República, en mi visión, no sería solo sustituir una jefatura del Estado hereditaria por una elegida democráticamente, sino abrir la puerta a un nuevo pacto ciudadano, territorial y social. España necesita menos miedo a su pluralidad y más madurez democrática para aceptarla.
Canarias no pide privilegios. Canarias pide comprensión, justicia y respeto. Pide que su identidad no sea folclore de escenario ni souvenir de aeropuerto. Pide ser tratada como lo que es: una comunidad con historia propia, cultura propia, problemas específicos y una voz que debe ser escuchada con la misma seriedad con la que se escucha a cualquier territorio que conoce su pasado y quiere decidir, con responsabilidad, su futuro.
Lecturas recomendadas
1.- Identidad canaria, de A. José Farrujia de la Rosa
Una obra que reúne reflexiones necesarias sobre el patrimonio cultural, la memoria histórica y la construcción de la identidad canaria. Es un libro especialmente útil para comprender que nuestra identidad no es una simple etiqueta folclórica, sino una realidad compleja, hecha de territorio, historia, lengua, símbolos y conciencia colectiva.
2.- Psicología del hombre canario, de Manuel Alemán
Aunque el título original de la obra responde a una época concreta, su lectura permite acercarse a la manera de ser, sentir y relacionarse de la sociedad canaria. Manuel Alemán analiza los rasgos sociales, históricos y psicológicos que han ido configurando nuestra forma de habitar las islas y de mirar el mundo desde ellas.
3.- Historia de la identidad canaria, de Manuel Lobo Cabrera
Una lectura muy recomendable para entender cómo se ha ido formando la conciencia canaria a lo largo de los siglos. El libro permite observar la identidad como un proceso histórico, marcado por la insularidad, el mestizaje, la emigración, el comercio atlántico y la relación siempre compleja con el poder central.
4.- Nacionalismo canario 3.0, de Enrique Bethencourt Pérez
Un ensayo que invita a repensar el nacionalismo canario desde el presente, lejos de visiones cerradas o nostálgicas. Plantea preguntas actuales sobre autogobierno, cultura, ciudadanía, globalización y futuro político de Canarias.
5.- Canarias: nación y pueblo, de Oswaldo Brito
Una obra vinculada al pensamiento político canario y al debate sobre la existencia de Canarias como pueblo con identidad propia. Su lectura ayuda a comprender las raíces ideológicas de una parte del nacionalismo canario y el largo camino de reivindicación cultural, social y política de las islas.
La receta: Pastelitos de galleta
Tiempo de preparación:
45 minutos aproximadamente, incluyendo los 30 minutos de enfriado.
Ingredientes:
Galletas danesas de mantequilla de la lata azul (la lata entera).
120 gramos de mantequilla sin sal derretida
1 bote de Nutella
100 gramos de miel
Maní triturado al gusto
Modo de preparación:
Retiramos todos los papelitos de las galletas de mantequilla de la lata azul y las trituramos con la ayuda de una batidora manual hasta conseguir un polvo bien fino.
A continuación, mezclamos ese polvo de galleta con 120 gramos de mantequilla sin sal derretida y un bote de Nutella, removiendo bien hasta obtener una masa homogénea.
Con esa masa formamos pequeñas bolitas, las colocamos en una bandeja y las dejamos enfriar durante 30 minutos. Mientras tanto, trituramos el maní lo más pequeñito posible.
Pasado el tiempo de reposo, sacamos las bolitas de la nevera, las pincelamos con unos 100 gramos de miel y las pasamos por el maní triturado, solo por la parte superior, para que queden coronadas con ese toque crujiente y dulce.
El resultado son unos pastelitos individuales deliciosos, perfectos para saborear con un té, un café o un chocolate caliente.
Y así llegamos a mayo, el mes en que Canarias se mira al espejo y recuerda que no nació para ser decorado de nadie, sino territorio vivo, pueblo consciente, cultura en movimiento y futuro por escribir. Que este 30 de mayo no sea solo una fecha en el calendario, ni una excusa para sacar el traje típico y comer papas arrugadas —que también, porque una cosa no quita la otra y el mojo hace más por la felicidad humana que muchas reuniones ministeriales—, sino una invitación a pensar qué Canarias queremos construir.
El Día de Canarias se celebra cada 30 de mayo porque ese día, en 1983, tuvo lugar la primera sesión del Parlamento de Canarias, después de la aprobación del Estatuto de Autonomía de 1982. No es una fecha escogida al azar ni una celebración folclórica sin raíz institucional: conmemora el nacimiento efectivo de nuestro autogobierno democrático, el momento en que Canarias empezó a reconocerse políticamente a sí misma dentro del Estado autonómico. Por eso celebramos el 30 de mayo y no cualquier otro día: porque aquel Parlamento fue la expresión jurídica y democrática de una voluntad colectiva que venía de mucho más lejos.
Feliz Día de Canarias. Que sepamos honrar lo que fuimos, defender lo que somos y construir, con inteligencia, memoria y dignidad, la Canarias que todavía nos debemos.
Si te gustó esta columna, puedes leer la anterior en:https://www.actecanarias.es/es/node/2400
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