
La danza de los demonios
Mi mente se agota, cansada de arder, presa de una jaula de cristal que nadie quiere romper.
Me cuesta respirar, ahogado en un pozo sin agua, me traga lento sin dejarme alzar el alma.
Un silencio de azufre gobierna mi mal, me ata con llamas a su ritual.
Desde la torre contemplo mi ruina, la noche me mira burlándose de mi vida.
En el purgatorio frío de mi soledad, arde una sentencia sin querer avanzar.
La Carpa me mira con garras de mal, reclama mi nombre, reclama mi final.
Guardo un latido teñido de alquitrán, no busca salida, sólo acabar.
Si el infierno reclama mi alma, que abra su portal, que los demonios bailen en mi funeral.
No vine a perderme, vine a enfrentar mi mal, en el fuego del abismo sellaré mi final.
~Entre demonios y llamas, muere mi alma sin palabras.~
Reflexión Sanitaria y Literaria: Del Purgatorio a la Presencia
Como sanitario, leo estos versos y reconozco el agotamiento mental que precede a la rendición. En el ámbito clínico, a menudo nos enfocamos en el síntoma ×a falta de aire, el insomnio, la apatía, pero olvidamos el "purgatorio frío" en el que habita el paciente. "La Carpa" que reclama el final es esa sombra que acecha cuando el vínculo con la vida se debilita.
Como escritor, entiendo que poner palabras al infierno personal es el primer paso para no ser consumido por él. Decir "mi mente se agota" es una confesión de vulnerabilidad que requiere un valor inmenso. En las salas de hospital, he aprendido que no podemos romper la "jaula de cristal" del otro con fuerza bruta o solo con fármacos; necesitamos presencia. Necesitamos ser ese testigo que no se burla de la ruina ajena, sino que se queda al lado de la torre, esperando a que el fuego baje.
Este poema es un recordatorio de que el dolor psíquico es tan real como una quemadura de tercer grado. Si sientes que tu latido está "teñido de alquitrán", no permitas que los demonios bailen solos. En el sistema sanitario, y en este rincón literario, hay manos dispuestas a sostener las tuyas antes de que el portal se cierre.
Enfrentar el mal no significa arder en él, significa entender que, incluso en el abismo, tu nombre sigue siendo tuyo y no de la sombra.
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