
A ese anciano que nadie ve
Por Dulce Díaz
A ese anciano que nadie ve
cuando sus arrugas se multiplican,
su fragilidad aterriza, su mente perdida está,
su corazón se debilita, su familia imposibilita,
sus amistades se volatizan y, a los que todos dicen:
que ya no le necesitan; véanlo, ámenlo y abrásenlo.
A esa persona a la que el viento atemoriza,
el sol acaricia, la letra perjudica
y la noche mortifica, por miedo a los lamentos,
a la soledad y a lo que pueda pasar
al descubrir la absoluta realidad
de todo lo que vendrá hasta su umbral.
Al anciano que nadie ve, al mundo quiere abrazar
para no perder sus recuerdos y dignidad;
sin olvidar, qué por él, aquí estás.
Cuando la piel arrugada está
disminuye la libertad, aumenta la soledad
y llega eso que llaman “crueldad”.
Atesoras la niñez, de adulto crees saber,
de mayor quieres entender y de anciano no quieres ver,
porque no te gusta el mundo al revés.
Eso dice un anciano que conocí y, del que mucho aprendí.
Las horas que huyeron
Por Tania Ramos Morales
«…Y el destino sentenció:
silencio, ausencia…»
Mazo.
«te nombro, te retengo…»
Por las fugas que tejieron nuestras
horas que huyeron,
y la lejanía que nos atrapó
en un adiós
que no fue reclamo.
Por atardeceres robados,
con alas de silencio
donde tus caricias sembraban
deseos,
yo detengo sensaciones en verso.
Y por tu lenta manera
de apresarme en tus gozos,
desterrando otros silbos de amor,
yo te traigo en mi ausencia,
«Te nombro, te retengo».
Marismo afortunado
Por Roberto Clemente (RoclesumenFM64)
Horizonte sin miras
de azul te disfrazas.
Montañas de sal,
jareas de recuerdo,
colgadas al viento.
Las ocho que danzan,
entre tus olas,
buscan el baile perfecto.
Una isa, seguidillas,
suenan las chácaras,
un timple que llora,
sin despertar a las almas,
que descansan,
en tus entrañas.
Con no más náufrago,
que un canario,
caminando descalzo,
pisando fuerte
por tus orillas.
Redes de cantos,
caracolas afinadas,
guardan tus llantos.
Los que surcan, tus aguas,
arrugan sus manos,
mientras un poeta,
versea sobre las ocho
sirenas canarias.
Levemos anclas,
el alisio en la cara,
atrevidos jabatos,
no serás mar,
tú, el Océano Atlántico,
será la poesía
tu calma.
Oh mar,
me quedo, en tu orilla,
agarrado al timón
de estos versos,
contemplando....
las Islas Canarias.
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