Hay realidades que ocupan un lugar destacado en la mitología, la tradición y la historia. Tanta es la fuerza y tan numerosas las pruebas en torno a ellas que suponen un verdadero desafío a la ciencia establecida. 

Son fronteras que tal vez nos invitan a cruzarlas un día para hacernos avanzar, no olvidemos que la propia ciencia acepta hoy lo que en el pasado era herejía.

Hablemos de dos de esas realidades míticas que además, comparten el carácter insular: San Borondón y La Atlántida. A la primera ya dedicamos un artículo en esta misma sección, en esta ocasión no vamos a defender la existencia de la gran Isla Atlante, sino que aportaremos a modo de hipótesis un fenómeno relacionado con su hundimiento. En este sentido, tampoco nos ocuparemos del famoso Diluvio Universal, del que hay numerosas referencias a ambos lados del Océano y que puede asociarse a la desaparición de la Atlántida. Hoy vamos a hablar de los sueños como otra fuente probatoria de estas realidades.

Cuando un sueño determinado se repite en un colectivo humano o etnia deberíamos considerar que puede tratarse de un recuerdo ancestral demasiado importante para ser olvidado, de este modo se heredaría durante muchas generaciones a nivel subconsciente.

Esto es diferente a la tradición oral, más conocida como fuente de información. Al menos, consideremos esta hipótesis pues aún desconocemos la totalidad del funcionamiento de la mente humana y  más todavía de la conciencia, algo tabú para la ortodoxia científica. En nuestro caso nos referimos al pueblo canario, candidato preferente a haber sido testigo del cataclismo de la Atlántida cuya ubicación más aceptada es precisamente la Macaronesia y de cuyos archipiélagos sólo Canarias conservó un pueblo ancestral. Pues bien, se da la circunstancia de que un sueño repetitivo visita a nuestro pueblo según informaciones que, dicho sea de paso, no se han contrastado por métodos científicos hasta el momento. Este sueño es el de una ola gigante que viene hacia la persona y normalmente no se recuerda nada a continuación, ahí acaba el sueño. Sólo en casos minoritarios se recuerda una visión desde un lugar elevado, posiblemente alguna cumbre desde donde se divisa cómo la ola se traga la tierra.

¿Ha soñado usted este sueño? ¿Fuimos testigos del hundimiento de la isla-continente? ¿Mito o realidad? El misterio continúa.

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