Loly Pérez
Dolores Pérez González, Lola May

«NUEVA SECCIÓN»

Navegando por la red me he topado con anécdotas curiosas y hechos extraordinarios. Sus protagonistas, en ocasiones por su relevancia social, dejaron una huella imborrable en la historia. Otras, siendo anónimas, fueron los propios acontecimientos los que les hicieron dignos de ser recordados junto a los sucesos acontecidos. Todas ellas comparten un rasgo común: dan alma a un tiempo ya pasado, y contarlo ha supuesto una forma grata de reconocerles su valor, su inteligencia, cuando no, su suerte al llegar a formar parte de nuestro legado cultural.

Es por ello que, navegar por la Red se ha convertido en un encuentro con la Memoria a la vez que, a través de la difusión, mostramos nuestro agradecimiento.

Les invito a dejarse sorprender.


PREÁMBULO

A raíz de una “conversada” que mantuve con Luisa Chico con motivo de la publicación del séptimo aniversario de la Revista literaria, surge la propuesta de volver a poner en valor aquella iniciativa que conduje hace algún tiempo para QPH Radio en formato de audio Navegando por la red, adaptándola, ahora, al estilo literario de la Revista, y con el fin de formar parte de su misión de difusión cultural y literaria.

Acabada nuestra charla, no pude por menos que convenir, y así se lo expresé entre risas, la costumbre que tengo de meterme en aventuras. Esto me llevó a recordar un dicho muy conocido entre nosotros: “Meterse en camisa de once varas”.  Y decidí que este sería el primer tema a compartir con todos ustedes. Así que, ahí va.

Saludos cordiales a todos los amigos y amigas de ACTE CANARIAS.

"Meterse en camisas de once varas"

Navegando por la Red me encontré con la explicación que se da a un dicho muy conocido: "Meterse en camisas de once varas".

¿Quién no ha escuchado más de una vez la expresión "meterse en camisas de once varas", ya sea porque nos la han aplicado a nosotros, ya sea porque nosotros se la hemos aplicado a alguien?

Esta expresión viene a significar, según la RAE, "inmiscuirse en lo que no le incumbe o no le importa", y se aplica también cuando nos complicamos la vida sin necesidad o se afronta una tarea superior a nuestras facultades.

Este dicho popular tiene un origen medieval. Sí desmenuzamos esta expresión, primero tenemos “la vara”, que era la medida usada antiguamente para cortar telas y equivalía a 83,5 cm.; por tanto, un lienzo de tela de once varas mediría aproximadamente nueve metros, lo cual suponía una pieza larguísima. De ahí que en la Edad Media se usara ese término de las "once varas" para referirse de forma exagerada a algo muy grande y muy largo. Además, el número once se consideraba un número indefinido usado para expresar la idea de "muchos".

En segundo lugar, tenemos “la camisa”. En la Castilla medieval, la ceremonia de la adopción consistía en simular un parto metiendo al adoptado por la manga de una camisa grande, para sacarlo por el cuello de la misma. Cuando el pequeño asomaba la cabeza, el padre lo besaba, quedando así confirmado como hijo. Se entiende entonces que la camisa utilizada para el ceremonial de adopción debía tener unas dimensiones y una holgura importante como para que el niño pudiera meter la cabeza por la manga y sacarla por el cuello sin más problema, máxime si pensamos que el adoptado podía tener ya unos cuantos añitos.

Ejemplos de este ritual de adopción aparece en las crónicas de la época y en la literatura, como se puede constatar en el romance de los "Siete Infantes de Lara" (leyenda conocida a partir de textos conservados en crónicas medievales) que cuenta que doña Sancha Velázquez adoptó como hijo legítimo y heredero a Mudarra González, que se convertiría en el vengador de sus siete hermanos.

Fragmento del cantar de gesta "Los Siete Infantes de Lara" donde se relata la ceremonia de la adopción de Mudarra González por doña Sancha Velázquez: "Doña Sancha dijo al conde: Señor, cuando mañana sea caballero don Mudarra, yo quiero recibirlo como hijo y heredarle mis bienes ante vos”. A lo que el conde le dijo que le placía mucho y estaría muy contento.

Cómo fue bautizado don Mudarra González y cómo lo tomó por hijo doña Sancha y le heredó sus bienes. Y de los hechos que hizo cuando fue cristiano.

"Cuenta la historia que el otro día por la mañana, cabalgó el conde don García Fernández con mucha compañía. Y fueron a la casa de don Mudarra González y fueron con él hasta Santa María que era iglesia de Burgos. Y entonces lo bautizaron y fue su padrino el conde y otros hombres buenos. Y doña Sancha fue su madrina y lo recibió por hijo como manda el fuero de Castilla. Entonces lo tomó y lo metió por una manga de una camisa de seda que vestía y lo sacó por la otra. Y el que antes se llamaba Mudarra Gonzalez no quiso que le quitasen su nombre. Y luego en ese momento se hizo caballero".

Las adopciones comportaban responsabilizarse de los problemas que podía conllevar, puesto que se hacía por decisión propia y no por necesidad. De hecho, a veces las adopciones no salían bien, ya fuera a causa del adoptado o del adoptante, y ahí se aplicaba también el dicho de "meterse en camisa de once varas" por las complicaciones que se derivaban de la adopción.

Pero una camisa de dichas dimensiones para tales ceremonias era de suponer que se tratara de una exageración, y este dicho popular tendría más lógica y seguiría manteniendo su significado si se toma en sentido hiperbólico como "no hay manera de desenvolverse en una camisa tan grande".

Aunque también existe otra acepción para esta expresión de origen medieval y tiene una connotación militar o bélica ya que la "camisa" es la parte exterior de una muralla, de modo que luchar en esa zona podía resultar algo muy arriesgado e inútil.

Una expresión muy utilizada aún hoy día y con un origen curioso la de este dicho.

También, según María Fernández Rei: El origen de este modismo está en una ceremonia que se hacía en el Medievo para adoptar a un niño. Curiosamente, muchas veces el interesado en hacerse con una criatura era un eclesiástico, que buscaba un sucesor.

El rito, que simbolizaba un segundo parto, consistía en que el padre adoptivo metía al adoptado por la manga de una camisa muy holgada, confeccionada para la ocasión, y lo sacaba por el cuello, para a continuación besarle la frente en señal de confirmar su recién adquirida paternidad.

De esta costumbre surgió el refrán: “Hijo ajeno, mételo por la manga y salirse ha por el seno”, que desaconseja el prohijamiento, debido a la creencia de que los hijos adoptivos son díscolos y difíciles de educar. Por extensión, critica a quienes abusan y se aprovechan de la confianza y la buena disposición de los demás.

Para la Revista Literaria ACTE de blogueros de la historia.

Añadir nuevo comentario