El pasado 12 de febrero, el taller de poesía Entreversos celebró su reunión mensual en la Casa de la Cultura de Tacoronte.
Tuvimos una interesante tertulia sobre el uso de diferentes "Yos líricos" y disfrutamos de la lectura de los poemas que habíamos escrito. Seguimos compartiendo hermosos momentos de poesía.
Aquí tienen algunos ejemplos de los trabajos realizados:
Carmensa León
PERLAS MAJORICAS
Soy Majorica irisada, sin mar ni cuerpos bivalvos,
pero mis entrañas de lamas dérmicas reverberan.
Desde mi escaparate hoy he sido develada.
Y la vi a trasluz, bajo una tierna lejanía,
tacones de tafilete y días que hostigan.
Vi sus pasos distraídos que cimbreaban la acera,
piel lechosa y cerviz erguida.
Quiero ese cuello frágil para mi perfección,
brillar entre sus sonrojos que erran días cansados
para enaltecer su rostro lánguido de imposibles.
Mi núcleo opalino desea sus desarropes
y la atraigo hacia mí con brillos de atardecida.
Se posó su iris ámbar en mis cuentas nacaradas,
y nos miramos largamente, saboreando nuestra posesión,
e intuimos que todo es real bajo la luz ilusoria.
Meli Delgado
DESAJUSTE MENTAL
Uso palabras por muscular caras,
felices muecas rendidas al rictus
alegre del placer. Resuena un gong
y la sorpresa todo lo estremece
Se abre una brecha que veloz penetra
rompiendo esquemas, retorciendo mentes
hasta desembocar la flecha
en un coro de cuatro letras
Soy burlón o macabro, risueño o irreverente,
puedo ser blanco, verde o negro,
todos me quieren y algunos me temen.
Como el amor, universal y humano,
soy la catarsis, yo soy el humor.
Nuria Jerez
EXISTIENDO
Soy esas bellas
trebinas amarillas
que se extienden
por la orilla del camino.
Soy esa tierna
flor de almendro
que se abre
dulcemente a la vida.
Soy la fresca brisa
que acaricia mi rostro.
Soy esa hermosa rama
que se mece suavemente
al viento.
Soy el silencio
de los campos.
Soy ese momentáneo
aroma que percibo.
Soy, y con “ellos”
estoy.
Jennifer Alegría
TANGO FLORIDO
Tango florido
Jamás pensé
que sería una hebra
de añoranza puntiaguda.
No lo intuí cuando el maestro
de sumas y restas de sobremesa
iluminó el otoño
con los zapatitos de Sevilla.
Jamás pensé
que sería un recuerdo fragmentado,
una vida interpretada,
cuando me perdí en sus ojos
a ritmo de tango
en la noche azul oscura.
Ni siquiera cuando ajeitábamos
los colchones con fajinas
y las sábanas
bajo el sol del invierno.
No lo pensé
y nunca creí que sería
una receta en blanco,
la remembranza de un mortero,
una risa muda, una voz sin eco,
una foto olvidada
en la gaveta del mueble verde
Cuando me vestí de primavera
y llené el barrio
de carcajadas y pétalos,
no lo intuí.
Y al arrullo
de aquel verano florido,
jamás pensé ser un verso.
Elisa Anceaume
OCHO MINUTOS
Tan solo cuento con ocho minutos.
Ocho minutos para despertar
al gallo y a las cacatúas
y a los cautivos loros
que duermen bajo su ventana.
Robar estrellas a la noche,
para que floten en el mar
y se reflejen en sus ojos.
Hacer brillar sus rizos de corona,
estremecer su cuerpo en duelo
y amanecer cada semana impar
en su retiro improvisado
conmigo, respirando más allá
de los pulmones, sin quemar sus labios.
Tan solo cuento con ocho minutos.
Ocho minutos para que galope
como caballo de fuego, galope.
Ocho minutos,
tan solo cuento con ocho minutos,
para que piruetee
como caballito de mar.
Sol García
AMOR Y COMPLICIDAD
Llega a mí su olor, aroma de florecillas,
mis ollares se dilatan y mis orejas se elevan.
Nuestros ojos brillan y se cruzan las miradas.
Yo relincho y ella ríe dando saltos de alegría.
Troto contento hacia ella, olisqueo su rostro,
lamo su cara, mi belfo se eleva mostrando los dientes,
su pequeña mano me acaricia la cabeza.
Sube a mi lomo con los pies descalzos,
abraza mi cuello en esta fusión de amor.
Paso, trote, galope.
Soy caballo de carrera convertido en semental.
La felicidad invade nuestros corazones
que laten al unísono con inefable conexión.
¡Más despacio Nenetzé! Mientras tira de las riendas
y presionan sus pies mis costados.
Ella marca los desplazamientos y la velocidad.
Galope, trote, paso.
Me guía hacia la yeguada.
Suguaí, reina mora de mi harén,
yeguas, potros y potrancas que propagarán mi estirpe.
Golpeo el suelo con mi casco, mientras levanto la cola.
La niña tira de las riendas, paso, trote, galope.
Ahora toca acicalar. Cepilla mi negro pelo,
peina mis crines y cola
y mordisqueo su mano esperando mi manzana.
Yo relincho y ella ríe.
No es mi ama pero sí la dueña de mi corazón.
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