-¡Ahí viene, ahí viene! -gritaban alegres Tapy,Tepy y Tupy los hijos de Curruca Cabecinegra (CC).
Ya había pasado algún tiempo desde que Duende Riscorando salvará a los polluelos de Don Cuervo.
Para alegría de los hermanos, ese día Duende del Risco, conocido por todos en Anaga, como Riscorando había decidido una vez más dar una vuelta y visitar a su amiga CC y a sus polluelos, que ya empezaban a volar. A medida que se acercaba oía la algarabía de los polluelos. Se apresuró, y al llegar junto a ellos preguntaba muy preocupado a Mamá Curruca Cabecinegra: -¿ Qué sucede, amiga?¿Por qué están tan inquietos tus polluelos, otra vez?
-Porque tienen hambre, como siempre. Pero, tú sabes el cuidado que tengo que tener con los depredadores, ya que en un pispas nos comen. Acuérdate de lo que pasó con Don Cuervo.
-¡Ahhhh!, ¿ése es el problema?, pues ni te preocupes Cernícalo voló temprano y Búho Chico está durmiendo, recuerda que él caza de noche y Don Cuervo, dudo que se le ocurra volver por aquí, además me respetan demasiado, ellos saben muy bien que donde yo esté, no se pueden ni acercar…Así que vamos a donde están los balos que ya deben estar maduros, para que los chiquitines prueben sus frutos y así dan un paseo.
-¡Qué buenooooo! -gritaron todos a la vez.
-¡Vivaaaa!, al fin vamos a poder volar a cielo abierto y todo gracias al Duende Riscorando -decía Tepy, el más rebelde de todos.
Es que ésta iba a ser su primera salida fuera de los matorrales y estaban muy emocionados.
-Bueno, bueno, no se ilusionen mucho, es ir y volver rápido -decía mamá CC.
Y emprendieron vuelo hasta casi la desembocadura de barrancos, buscando los bosquecillos de tarajales y balos.
-Mira qué lindo el mar -dijo Tupy.
-¡Guau, que belleza! -respondieron Tapy y Tepy.
Al llegar a un bosquecillo de balos cerca de la costa se encontraron con lagarto Tizón que estaba dándose un banquete y empezó a quejarse, diciéndoles que se fueran a otro balo.
A lo cual, Riscorando le respondió: -¿Y por qué no te vas tú a una tunera? La Naturaleza es de todos, ¡de todos! El campo no tiene puertas, métetelo en la cabeza.
Lagarto Tizón, que respetaba mucho a los poderes del Duende como todos, bajó por las ramas y se fue sin chistar …
-Tengan cuidado, por favor, no se posen pueden caerse -advertía Riscorando.
Sí, porque el balo es un arbusto de ramas colgantes, frágiles, rolliza, y no muy alto, de color verde tierno cuyos frutos son unas bayas y las ramas se pueden romper. Dan abundantes frutos carnosos y jugosos que en verano que son el deleite de lagarto Tizón y las Currucas. También Canario de vez en cuando, las come.
Entonces, Riscorando cogió una y se las mostró. -Fíjense, es una baya que tiene la forma de un globo que se vuelve negro al madurar, por tanto tienen que ser las oscuras que son las maduras las que se comen.
-¡Achiiiiiiiis! -estornudó Tepy.
-Uffffff¡!, qué olor más fuerte -dijo Tapy.
Y era verdad, el balo tiene un olor muy fuerte.
Pero, Tepy el más travieso y rebelde no hizo caso y se trepó... la rama se quebró
y gracias a Riscorando no fue a parar al suelo.
-Tepy, hay que obedecer, sino pasan estas cosas. Cuando sean más grandes y fuertes podrán cogerlas ustedes -y continuó- recuerden las verdes no, las negras que son las maduras, ésas son las que podemos comer, ¿vale?
¡Qué susto pasaron todos! pero afortunadamente se quedó en un susto, no le pasó nada.
-¡Ahhhh! Escupan las semillas del balo.
-¿Eh, y eso por qué? -preguntó Tapy.
-Para que se dispersen y nazcan más balos .Tapy, hay plantas como el balo que gracias a las semillas que ustedes escupen pueden reproducirse y esas peloticas negras que ven allí (señalando la tierra) son las heces de Tizón, gracias a las cuales se dispersan las semillas y así nacen más balos.
-¡Puaj, qué asco!
-Pues, ni tanto amiguito, que bien que te gustaron cuando las estabas comiendo.
-¡Uffff! quién lo diría con lo feo y pesado que es…
-Pues mira gracias a él estamos comiendo estas carnosas bayas, es el principal dispersor de semillas del balo ya que las dispersan votando las semillas o en las heces como ya les expliqué.
Tapy que era muy engreído, preguntó: -Entonces, ¿somos importantes para la Naturaleza?
-Pues claro, todos somos importantes, todos hacemos algo, todos tenemos nuestra función en ella.
-Mamá, tengo mucha sed -dijo Tupy, el más tranquilo, obediente y cariñoso de los tres hermanos.
-¿Adonde tú crees que podamos ir, Riscorando? -preguntó preocupada mamá Curruca.
Se me ocurre llevarlos al Barranco de Afur, tú sabes que allí se puede encontrar agua todo el año, riachuelos, cascadas y charcas… Además que disfruten del paisaje de Anaga.
-¡Qué va, qué va, hay que volar mucho!
No va a pasar nada, nada. Descansamos de vez en cuando. Y así los pequeños dan un paseo.
-¡Hurraaaaa, qué buenoooooo! -gritaban todos a la vez.
-Pues, a Afur. Pero, recuerden, no nos podemos separar, ¿vale?
Emprendieron vuelo. Veía los barrancos, las cabras… De vez en cuando descansaban en algún Risco.
Cuando pasaban por Benijo, Riscorando aprovechó para hacer un alto en el camino y enseñarles un bosque de dragos, los hermanos quedaron impresionados, Tapy dijo:
-¡Qué belleza de árboles, no los había visto antes!
-Se llaman Dragos y sólo los hay aquí en Canarias.
Llegando a Afur pudieron ver un sabinar, a lo cual Tupy preguntó:
-¿Y esos árboles que parecen ovejas, redondos?
-¡Ahhhh…! -respondió Riscorando- Son Sabinas… Este es el Sabinar de Afur, ¿bonito verdad?
-¡Sí, qué son bonitos!
Pero, sucedió que cuando llegaron al Barranco y fueron a tomar agua estaban allí también el canario, y la alpispa, el Duende Riscorando los presentó:
-Amigos, éstos son los hijos de Curruca Cabecinegra.
Se saludaron y una vez que Canario tomó agua empezó a cantar para darles la bienvenida. Todos sabemos lo melodioso que es el canto de un canario y los allí presentes agradecieron su canto de bienvenida. También la alpispa, moviendo su larga cola sin parar como siempre, les daba la bienvenida…
Al tomar agua vieron un pez,
-Mira, mira, Riscorando ¿qué es eso que está en el agua?
-Es la anguila, el único pez de agua dulce que vive en los barrancos de Anaga, ya quedan pocas, pasa parte de su vida en estas aguas dulces de Anaga. Han abusado mucho los humanos capturándolas para comer.
Mamá Curruca los miraba contenta pero ya estaba impaciente, hacía rato que estaban fuera de los matorrales:
-Vamos, vamos ya -repetía una y otra vez preocupada.
-¡Ufffff, otra vez para los matorrales! -se lamentaba Tepy.
Ya de regreso los tres hermanos preguntaban: -Duende Riscorando, ¿volverás?
-Seguro que volveré... Los amigos ni se olvidan ni se abandonan.
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