Crecí en el barrio de Santa Ana, y que me llamaran “prima” era lo habitual, sobre todo los chicos mayores del barrio. Esa expresión se alargó a lo largo de mi vida, y entre bromas yo contestaba: “Cuando termine mi árbol genealógico podré decir que todos los de Candelaria son mis primos”.
Y creo que no voy muy desencaminada. En tiempos pasados no tan lejanos, las familias casaban a sus miembros entre sí, por mantener el patrimonio heredado principalmente, en otros casos, por ser un pueblo con pocos habitantes y el roce hace el cariño, y un sinfín de situaciones más.
Pues bien, les voy a relatar la historia de unos primos, que se llamaban así sin saberlo.
En la calle El Marrubial y Santa Ana vivían dos mujeres coetáneas, Nemesia González Marrero y Rosa Benita Marrero Torres. No se llamaban primas, aunque compartían el apellido Marrero.
Nemesia estaba casada con Pedro González (Perico) vivieron en la casa número 9 del Marrubial, que antes fue la vivienda de los padres de Nemesia, Andrés González Rodríguez, que era marino, y su mujer María Marrero González.
En Santa Ana número 22, vivía Rosa, casada con Trino Rodríguez Delgado, que antes fue la vivienda de los padres de Trino, Gregorio Rodríguez Sabina, apodado “Juan Rosita” y María Ciriaca Delgado Navarro.
Los hijos de Nemesia y Rosa no se trataron como primos, el cariño les venía por ser vecinos, así crecimos los nietos y siempre me llamaron prima, sobre todo Perico (Pedro González Pérez). Pero el tío Peri, como cariñosamente lo nombraban los chiquillos, llamaba habitualmente primo o prima a todos los que eran de su edad o menores. Así que, en realidad, no éramos sus primos. Así lo pensaba yo, hasta que… organizando los datos para la biografía del pescador de Candelaria, Andrés González Rodríguez, apodado “El Colorado”, la sorpresa se dibujó en mi cara. Lo entenderán mejor con nuestros árboles genealógicos:
Como se puede observar, los cuartos abuelos (tras tatarabuelos), son los mismos para Perico y Toñi. Sin pretenderlo, descubrimos como en nuestros ancestros, lo de “primos” está bien dicho.
Perico González Pérez fue más que mi vecino, fue ese primo que siempre me cuido, me trató con cariño y me hizo reír hasta doler, pero yo no pude enseñarle nuestros árboles genealógicos, ni decirle que efectivamente, somos primos, con un “fisquito” de ADN, no me dio tiempo, se fue antes de mi descubrimiento.
Claudina, la madre de Nayo
Cuando aún intentaba hacer conexiones familiares, me encontré con Nayo Sabina y su familia, y al preguntarle por su apellido Sabina, se le iluminaron sus ojos, y comenzó a decirme los nombres de sus padres y abuelos, y quienes eran su familia. Su madre fue Claudina, hermana de Nemesia, hija de Andrés y María.
Dominga Claudina González Marrero, nació el 12 de agosto de 1900, y bautizada el día 17 siguiente, en la parroquia de Santa Ana, contrajo matrimonio en la misma parroquia el 1 de octubre de 1925 con Juan Sabina Delgado.
Los nietos de Claudina, también son mis “primos”.
Andrés, el padre de Arminda
Otro hermano de Nemesia y Claudina, fue Andrés González Marrero, que nació en 1918, y fue bautizado en la Parroquia de Santa Ana el día 14 de agosto aunque había nacido a las 8 del día 15 de junio de ese año de 1918. Sus padrinos eran naturales de Güimar. Se casó en la misma parroquia en 1950.
Sus hijos, al igual que sus primos, han destacado por alegres, buenos vecinos y muy orgullosos de sus raíces. Tengo el privilegio de conseguir abrazos afectuosos y sonrisas. Ahora comparto también la seguridad de pertenecer a las mismas raíces.
No sabría cómo explicar, que muchos descendientes de Gregorio Rodríguez y Paula Castellano, hemos compartido tanto cariño hasta el día de hoy, sin saber efectivamente que teníamos en común más de lo que creíamos. Los “primos” son los que se alegran de lo bueno que le pasa al otro, los que ríen con las ocurrencias del otro, los que se entristecen con las desgracias del otro, los que te cogen de la mano y te llevan al cine por primera vez, los que te ayudan a salir del agua brava de la playa Los Guanches, primos son aquellos que por la calle te “gritan”: - ¡Prima! Y levantan el brazo para evidenciar que son ellos los que te saludan.
A partir de ahora, cuando me encuentre con los hijos o nietos de: Claudina, Nemesia, Antonio, Andrés… Hijos de Andrés González Rodríguez y María Marrero González, los que vivían en el Marrubial número 9, levantaré el brazo y les diré: - ¡Eh, Primo!
Seguiré anotando nombres y fechas en mi árbol genealógico, así conseguiré hacer el mapa genealógico del pueblo que me vio nacer y al que llevo en el corazón. Y si te da curiosidad saber si están tus ancestros anotados en él, en un próximo artículo puede ser que te sorprenda con mis enlaces familiares.
Si ha gustado este artículo, puede leer mi artículo anterior: El padrón de 1779 de Candelaria (Tenerife).
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